Hace una semana iniciaba la columna comentando acerca de la frecuencia en que se escuchan las palabras amor, paz y unión durante esta época. La Navidad y el Año Nuevo traen consigo también expresiones que son un llamado a alguna acción positiva. Una de estas expresiones que sugieren acción es la frase “Tiempo para compartir†con la que he titulado esta columna.
Esta frase también la escuchamos por todos lados, en la publicidad, sermones y en los consejos de los amigos. Sin embargo es una frase que puede llegar a vivirse únicamente dentro del pragmatismo de las reuniones y convivencias sociales pero que no se llega a hacer vida por completo.
Tanto la conmemoración del nacimiento de Jesucristo Dios e Hijo de Dios, como la celebración del inicio de un nuevo año de nuestro calendario nos permiten como fiestas reunirnos con quienes vemos muy seguido y con quienes son parte de nuestra vida, pero que las actividades, tiempo o distancia no nos permiten hacerlo. Y es lógico que durante estas reuniones compartamos toda clase de cosas, alimentos, bebidas, historias, experiencias, sentimientos y mucho más. Pero el compartir puede resultar entonces en algo con efectos de muy corto plazo en que el beneficio que obtenemos todos sea pasajero y sin trascendencia.
Si nos vamos a su significado más objetivo, compartir quiere decir repartir o dividir algo, pero además significa también participar, lo que denota que el compartir es una acción voluntaria en la que cada uno de nosotros puede escoger cómo quiere dividir ese algo e incluso hasta qué nivel se quiere involucrar con su participación. Compartir es una acción ganar/ganar en la que todos los involucrados reciben algún beneficio, por ende las reuniones y convivencias cumplen con ese significado más objetivo. Pero qué triste que todo quede ahí, en un breve momento que no causa mayores efectos para el futuro, momento que inclusive puede llegar a tornarse dramático cuando media el licor u otros vicios o cuando hay accidentes.
Por esto, es que cuando hablamos y escuchamos hablar de “tiempo para compartir†debiéramos plantearnos aprovecharlo en serio, proponiéndonos que todos obtengamos el mayor beneficio posible y para ello es necesario que antes nos preparemos generando una actitud positiva que nos permita darnos y dar con alegría y convicción. Y es que prepararse no significa dar sin esperar recibir, pues desde el momento en que damos algo de forma libre y voluntaria, ya estamos recibiendo la satisfacción de generar cambios y actitudes positivas en otros.
Es por eso que más bien debemos prepararnos para recibir esa satisfacción y para recibir de algunos gratitud y quizás de otros indiferencia, pero sabiendo que hemos hecho nuestra parte y que lo hemos hecho porque hemos querido, por convicción y no por obligación, ni por quedar bien. Compartir es un acto que debe salir de nuestro interior con todo el deseo de hacerlo bien y no por salir del paso. En la medida en que se hace con un legítimo deseo, maximiza el beneficio obtenido por todos y permite que cada uno pueda disfrutar de la acción y que su efecto perdure por más tiempo, siempre y cuando se esté preparado para recibir. Dar sin esperar recibir, estando preparados para hacerlo.
Quien no se prepara para recibir simplemente no llega a gozar del compartir, incluso cuando sea quien esté recibiendo más beneficios. Por eso es importante reflexionar ¿Estoy dispuesto a compartir lo mejor de mí? ¿Estoy preparado para recibir la satisfacción que da el compartir y para recibir todo lo que otros compartan conmigo?
¡Feliz Navidad a todos, aprovechemos para compartir!