Tiempo de Reformas Monetarias


Edgar-Balsells

Las teorías y por ende las políticas económicas dan vueltas de trompo en función de los acontecimientos. Y ahora que la controversia en relación a los costos de la política monetaria aflora de nuevo, bien vale la pena comentar los cambios que se dan en los bancos centrales más importantes del mundo, a propósito de las recesiones, el desempleo y las crisis en general.

Edgar Balsells


Las recientes elecciones niponas han girado en torno a una refundación del Banco de Japón. Y es que cansados los asiáticos de más de veinte años de recesión, se han dado a la tarea de aceptar que, si bien la inflación y la emisión de dinero son importantes, hay otra caja de herramientas por utilizar para que la institución salga de su autismo.

Las reformas legales que plantea el líder opositor y ganador el pasado domingo, Shinzo Abe, apuestan no sólo por el saneamiento de la economía sino por medidas radicales, en donde se plantea limitar la tan sagrada autonomía del banco central, según un excelente análisis que efectuó Alicia González, del diario español El País, el pasado domingo.

Lo anterior es algo muy profano en el mundillo paleozoico de la política económica guatemalteca, en donde los tecnócratas de turno y sus tanques de pensamiento no han pasado de las lecturas tradicionales, casi decimonónicas, de que el único objetivo de la política monetaria es limitar la cantidad de emisión monetaria. Para ellos y ellas, el único objetivo de un banco central es frenar la inflación por medios monetarios, ignorando que ésta tiene otras causas, y de que lo que priva en el mundo son presiones recesivas.

La reforma propuesta en el Japón plantea que el Ministerio de Finanzas Públicas y el Gabinete Económico tengan la última palabra en la definición de los objetivos de política, apegados eso sí, a convencionales instrumentos, y nunca a criterios populistas y burdos, como ello se pretende en América Latina, cada vez que se intenta elaborar una propuesta de este corte.

Y por si ello fuera poca cosa para el ambiente tan conservador de los banqueros centrales, la sacrosanta Reserva Federal de los Estados Unidos, el templo más importante del dinero en el mundo, ha oficializado el cambio de objetivos de política monetaria y lo que es más: se fija la tasa de desempleo como principal referencia de sus decisiones sobre los tipos de interés a mediano plazo, elevando además -¡oh pecadillo!-, el objetivo-meta inflacionario.

En virtud de que nuestros tecnócratas y pocos expertos en estos temas suelen ser “más papistas que el propio papa”, estos cambios no llegarán, y ni siquiera se evaluarán en la región por mucho tiempo: quizás hasta que los experimentos den sus resultados, y hasta que el también sacrosanto Fondo Monetario Internacional, otorgue aun cuando sea tímidamente, su visto bueno a tales idolatrías.

La preocupación de los políticos, los legisladores y por supuesto de los expertos es que los bancos centrales no pueden permanecer absortos del crecimiento y el desarrollo económico de los pueblos; y que las pretendidas autonomías no pueden ser la condición suficiente para su existencia, en virtud de que tales entes, en primer lugar, han sido creados para salvaguardar al sistema financiero, pero también para mantener un circuito económico que garantice y apoye las políticas de empleo y desarrollo.