¿Tiempo de paz y de amor?


«La Navidad nos hace vivir en una burbuja que nos defiende de lo que pasa afuera, donde hay personas que nacen en el Apocalipsis, viven toda su vida en él y no tienen ninguna esperanza».

-José Saramago-

Violeta Cetino
usacconsultapopular@gmail.com

Colas interminables por todos lados, en las carreteras, en los supermercados y en las tiendas de consumo; juegos artificiales, que no me alcanza para el regalo, que no he comprado ropa para esa noche, en fin, con la angustia por quedar bien con todo el mundo, la mayorí­a de personas se olvidan del verdadero sentido de la celebración de la Navidad.

El Niño Jesús fue usurpado por Santa Claus, de origen gringo e inglés y muchos ven en la Nochebuena, la oportunidad indicada para salir de la tormentosa culpa de cargar con compromisos aplazados por ser estos indeseables. Es la oportunidad ideal de comprar un pedacito en la morada del Señor, con regalos para niños pobres, con cobijas para los mendigos y con las disculpas al peor de los enemigos. La caridad por solidaridad y el cariño por lástima.

Durante las fiestas de fin de año, la niñez pobre sueña con Santa Claus y con todo lo que el mercantilismo les ofrece: muñecas esbeltas, juegos electrónicos y autos de juguete, a los que seguramente nunca tendrán acceso. El mercado, en el que vivimos, capitalista, excluyente, utilitarista y altamente egoí­sta; promueve la competencia, la marginalidad y la violencia. Esta es la Navidad de Santa Claus, figura central del consumo, imagen de quienes están dentro de su modo de producción y pueden pagar todo lo que se vende.

Solamente el capitalismo adjudica un tiempo y época a los sentimientos y valores humanos. De esa cuenta, diciembre es «tiempo para compartir», «tiempo para soñar», «tiempo de paz y de amor». Así­, mientras la esposa del alcalde capitalino sale en las noticias con lágrimas en los ojos y hace un llamado a «compartir el amor de Cristo»; muchos vendedores viven con angustia ante un posible desalojo de sus ventas, como le sucedió a algunos de los vendedores en los alrededores de la Basí­lica de Guadalupe.

La falsa y superficial alegrí­a de la Navidad, encubre las desigualdades sociales. El Niño Dios, nació en un pesebre, entre animales y en una familia pobre, condiciones en las que muchos niños nacen en Guatemala. El Rey Herodes mandó a asesinar a los niños nacidos en ese tiempo, por temor a perder su posición. Herodes es también como el modelo capitalista, continúa matando personas, de hambre, de desigualdad, de miedo y de pobreza.

Yo, en lo particular, espero que el mensaje del Niño Dios nos llene de voluntad para luchar y trabajar, para conseguir un paí­s en el que no tengamos que recurrir a la lástima ni a la caridad; sino a la convicción de merecer una vida verdaderamente digna, justa y humana.