“Nada expresa mejor nuestra aflicción que el no decir nada”,
Richard Crashaw
licgla@yahoo.es
Corría el mes de enero de 1980, yo era una joven ilusa y soñadora, tenía, como siempre he tenido, un gran amigo, con el que compartíamos refacción, platicábamos de nuestras inquietudes, él recién se había casado, y me comentaba cosas triviales, nos acompañábamos, y hasta el momento conservamos en la lejanía una gran amistad, el 30 de enero de 1980, fue un día como cualquier otro para mí hasta que llegué a mi casa, mi madre miraba un noticiero, y se veía salir el humo, se escuchaban los gritos, pero lo que más me indignó fue observar que la policía no dejaba entrar a los bomberos que luchaban por ingresar a la Embajada de España, para apagar el fuego, que consumía (no sabía en ese momento cuántos eran) más de una treintena de seres humanos, recuerdo que mi indignación fue muy grande, y no pude contener las lágrimas de la impotencia al ver semejante cuadro, en vivo, ¿Cómo podía estar pasando eso en Guatemala? Me preguntaba, y lloraba.
Esa noche no pude dormir, porque no entendía cómo podían existir seres tan viles, que no permitieran el ingreso de los bomberos, y los lamentos de las personas quemándose, no entendía cómo funcionaba la mente de los canallas. Al día siguiente, mi querido hermano hoy fallecido me aviso que mi gran amigo había llegado a avisar que su hermana había muerto, y que la velarían en su casa, un grupo decidimos acompañarlo al velorio, llegamos a su casa de la zona 8, había varios judiciales rodeando la casa, la juventud no mide consecuencias y entramos, no habían muchas personas, y nos quedamos un largo tiempo, allí nos enteramos como había muerto la hermana de nuestro amigo, nos contó lo siguiente: Ella trabajaba en la Agencia de Viajes La Castellana, y como rutina tenía que presentarse a las diferentes embajadas a recoger trifoliares, para mostrar los sitios de interés de cada país, estando allí dentro de la embajada, si inició el conflicto y nadie pudo salir, quedándose ella sin ser parte del mismo, sin que nadie lo supiera murió quemada, y sus gritos, que se convirtieron en sollozos, se perdieron entre todos los de los demás moribundos, los hermanos eran huérfanos de madre, y estaban muy apegados a su padre, por lo que él la esperaba todas las noches para cenar, esa noche no llegaba, salió a la puerta, entró y decidió ver las noticias mientras su hija llegaba, y la noticia más importante era la quema de la Embajada de España, viendo el reporte se encontraba, cuando transmitieron los nombres de los muertos, y la sorpresa dolorosa de él, fue escuchar el nombre de su hija, a quien le decían Kika, rompió en llanto, y esperó a sus demás hijos, para hacérselos saber. Así se enteró esta familia de la muerte de una de sus integrantes en la dolorosa tragedia política.
Después de enterarnos de lo sucedido, cuando salimos, lo hicimos en grupo y caminamos hasta El Trébol, un judicial nos seguía, pero, en la inmadurez de la juventud no le prestamos importancia, al otro día nos presentamos, y los acompañamos al entierro, los judiciales nos hacían valla, a los pocos que acompañamos al cadáver, y así terminó esta vida útil, que no era parte de ningún grupo político.
Pasaron los años, y volví a ver a mi amigo, que buscaba un abogado, y nos contó la otra parte de la historia; después del entierro de su hermana (que no era ni guerrillera, ni parte del conflicto) les pasaron baleando la casa varias veces, hasta que él se entrevistó con Chupina, y según recuerdo nos comentó, Chupina los acusó a él a su padre a y a sus hermanos menores de guerrilleros, mi amigo juró una y mil veces que no lo eran, (porque no lo eran) hasta que llegaron a una negociación, Q60,000, ellos no los tenían así que hipotecaron su casa, diez años después con mucho esfuerzo, él terminó de pagar, y necesitaba la Carta de Pago del Banco, se encontraba feliz de haber logrado que su padre no perdiera su casita, y lo cumplió, él no ha pedido nada, no se presentó jamás para ser parte de la denuncia, porque suficiente sufrieron, por no haber hecho nada, simplemente porque un miembro de su familia, se encontró, en el último momento de su vida, en el lugar equivocado, a la hora equivocada, vaya esta columna, como un testimonio de lo que sucedió en la Embajada de España hace 32 años, y de los crímenes sucedidos, buscando en Internet, entre las víctimas el nombre de la hermana de mi amigo, no aparece, es como si su tragedia, su dolorosa muerte, y las secuelas de la misma, nunca hubieran ocurrido, pero ocurrieron, y mi amigo, esperó la Justicia Divina, porque en las de los hombres nunca creyó, además del recelo que les quedó sobre la “autoridad” en Guatemala, pero me pregunto: ¿CUÁNTOS MUERTOS INVISIBLES EXISTEN, ADEMÁS DE LOS QUE HAN TENIDO ALGUNA PUBLICIDAD, POR EL TEMOR DE LOS PARIENTES? EL PROBLEMA NO ES EL HOLOCAUSTO QUE VIVIMOS, EL PROBLEMA ES EL SILENCIO Y LA INVISIBILIDAD DE LAS VÍCTIMAS.