Tras permanecer cerrada más de un año, la colección de objetos precolombinos del Museo Nacional de Costa Rica se encuentra de nuevo disponible al público, con una valiosa muestra de casi un millar de piezas de varios periodos anteriores a la llegada de los españoles a América, en 1492.


Algunas de las novedades de la sala son un moderno sistema de luces que resalta la textura y el color de las piezas, nuevas placas explicativas y un lugar dedicado a esculturas monumentales. Pero lo más importante y tal vez menos visible es el nuevo criterio con que ha sido escogida y organizada la muestra.
«El aspecto artístico de las obras ha pasado a un segundo plano, ahora nos interesa mostrar objetos representativos de diferentes épocas y, sobre todo, de los diferentes sectores que componían la sociedad precolombina», dijo Minor Castro, miembro del equipo de arqueólogos de la institución, a la AFP.
Desde rudimentarios instrumentos de piedra con 10 mil años de antigí¼edad hasta deslumbrantes filigranas en oro y cobre de la época tardía (800-1500 d.C.), la colección muestra cómo creció y se enriqueció a través del tiempo la cultura de los antiguos habitantes del territorio que hoy ocupa Costa Rica.
La muestra incluye hachas, cuchillos y puntas de flecha fabricadas en las épocas más tempranas; vasijas de cerámica, colgantes de jade y objetos ceremoniales.
Lo expuesto apenas representa un décimo de la colección total del museo, resguardada en varias bodegas y laboratorios bajo condiciones controladas de luz, humedad y temperatura.
Una de las más asombrosas colecciones está constituida por las esferas de piedra, que sólo han sido encontradas en territorio costarricense y que representan uno de los mayores misterios la historia precolombina centroamericana.
Se trata de esferas perfectas de diversos tamaños –desde unos pocos centímetros hasta 2 metros de diámetro– de las cuales se desconoce todo: cómo fueron fabricadas, cuál fue el uso que se les dio en la sociedad indígena.
Castro aseguró que han sido contabilizadas por el museo 204 de estas esferas, pero que probablemente hay muchas otras en poder de particulares y en sus sitios originales.
Se han ensayado algunas explicaciones sobre la forma en que fueron forjadas estas esferas –que probablemente tuvieron usos ceremoniales o fueron símbolos de posición social para sus poseedores– pero no hay evidencias físicas que las confirmen.
Otros elementos originales de la cultura precolombina costarricense son los «metates», piedras planas o cóncavas que se utilizaban para moler semillas sobre bases talladas.
Algunas de estas piezas son elaboradas obras de arte a la vez que verdaderos testimonios del pensamiento y las prácticas religiosas de aquellas culturas.
«Se aprecia un extraordinario grado de sofisticación técnica en la fabricación de estos metates, que seguramente fueron marcadores de posición social o política», comentó Castro.
Joyas zoomorfas de oro y jade, vasijas policromáticas elaboradas a mano y otros productos de las culturas que florecieron en el actual territorio costarricense, antes de la llegada de los españoles, completan esta visión histórica resumida en el Museo Nacional.
La exposición ocupa el espacio que alguna vez fueron las barracas del cuartel Bellavista, principal emplazamiento militar de San José hasta 1948, año en que el Ejército fue disuelto y proscrito constitucionalmente.
Cuatro cañones aún empotrados en la plaza central del edificio no son más que otras tantas piezas históricas, que disparan la imaginación del visitante hacia épocas lejanas y misteriosas.