Terremoto desnuda vulnerabilidad tica


El pasado 8 de enero un terremoto de grado 6.2 lastimó la vulnerabilidad Costa Rica. FOTO LA HORA: archivo

El terremoto de 6,2 grados Richter que sacudió la zona turí­stica del volcán Poás el 8 de enero, dejó en evidencia que Costa Rica es altamente vulnerable a los fenómenos naturales, pese a su dinámica economí­a y a contar con una amplia red de servicios de emergencia.


El fuerte sismo, que dejó 23 muertos y siete desaparecidos, causó pérdidas por más de 100 millones de dólares, aunque afectó un área semideshabitada, sin causar daños en ninguna de las grandes ciudades del paí­s.

Una central hidroeléctrica, hoteles, cultivos, escuelas, casas, carreteras y puentes resultaron dañados o destruidos en la zona del Poás, uno de los mayores atractivos turí­sticos del paí­s, lo que ha presionado el presupuesto público en este paí­s cuya economí­a se desacelera por la crisis financiera.

El gobierno anunciará en los próximos dí­as un paquete de medidas para enfrentar la crisis (y las tareas de reconstrucción), luego de que tras años de bonanza económica, el presidente Oscar Arias admitiera hace unos dí­as que llegó la «época de las vacas flacas».

Las autoridades han advertido que las obras de reconstrucción tomarán tiempo si son únicamente financiadas por el erario, por lo que esperan donaciones del sector privado y la comunidad internacional.

El proceso será lento si «la reparación de las escuelas dañadas por el pasado terremoto» se pagan con fondos del presupuesto, dijo a la prensa el ministro de Educación, Leopoldo Garnier.

Aparte de los daños en infraestructura, los sectores más afectados son el turí­stico y el agroexportador, que aportan una porción considerable de las divisas a la economí­a costarricense, la más próspera de Centroamérica.

El terremoto, que amenaza con causar un déficit energético al inutilizar la central hidroeléctrica Cariblanco, siguió a una temporada inusualmente intensa de lluvias, que inundaron más de 10.000 hectáreas, causando perjuicios por más de 30 millones de dólares a los productores de banano y otros cultivos.

Aunque Costa Rica usualmente se libra de los huracanes que devastan a otros paí­ses centroamericanos, la excesiva humedad de su territorio cubierto de extensiones de bosque tropical favorece derrumbes y deslizamientos de cerros, lo que genera gran vulnerabilidad ante temporales, volcanes y sismos.

El paí­s dispone de dinámicos servicios de emergencia, como la Cruz Roja Costarricense, que opera una gran red de urgencia, pero tiene un retraso de décadas en infraestructura vial, reconoce el presidente Arias.

La inexistencia de Fuerzas Armadas, algo que llena de orgullo a los costarricenses, también jugó en contra tras el terremoto: hubo que esperar dos dí­as a que llegaran helicópteros militares de Colombia y Estados Unidos para iniciar la operación de rescate aéreo de sobrevivientes y de cuerpos de ví­ctimas desde zonas aisladas.

Otra carencia es una legislación de «ordenamiento territorial» que tenga en cuenta que hay lugares en los que no es recomendable establecer centros urbanos, en un paí­s que posee cinco volcanes que tuvieron erupciones en los últimos dos siglos, advierten geólogos.

«Es necesario tomar en cuenta que, además de sismos y erupciones volcánicas, las condiciones geológicas propias de ciertas localidades las hacen más propicias a deslizamientos y/o inundaciones», escribió ayer el geólogo y académico Esteban Gazel, en una columna en el diario La Nación.