Un reportaje y un artículo de opinión publicados la misma tarde en La Hora, me llamaron la atención el pasado viernes 22, por razones que usted verá más adelante.
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Pero antes de entrar en materia -como suelen advertir algunos oradores-, déjeme que le cuente una prosaica anécdota. Se trata de un médico relativamente joven que hace más de un año, antes de que se iniciara formalmente el proceso de la campaña de proselitismo electoral, decidió abandonar un trabajo de medio tiempo que le permitía un ingreso mensual garantizado, mientras que el resto del día se dedicaba a su clínica privada.
La resolución de este facultativo obedeció a que, según me confió, tenía la intención de lanzarse a candidato a diputado, postulado por uno de los dos partidos políticos que obtuvieron la mayoría de los votos en los comicios de 2007. Aunque no me estaba pidiendo consejo, yo le sugerí que no renunciara de su empleo mientras no fuera legalmente inscrito como formal aspirante a legislador, pero me reveló que ya Fulano de Tal (Citando por su nombre de pila al candidato presidencial y máximo dirigente de la organización política aludida) había empeñado su palabra que mi amigo ocuparía una de las primeras posiciones en la boleta de candidatos a diputados por cierto distrito electoral.
Pasados los meses, volví a comunicarme con el médico aspirante a parlamentario, quien me reveló que ya no sería candidato, porque no había reunido la suficiente cantidad de dinero que le condicionaron para postularlo. Y se quedó sin su empleo.
Este caso no es único -y si no menciono nombres es por respeto a mi amigo-, pues sólo es un ejemplo de lo que ocurre en la política partidista de Guatemala, al contrario de lo que asegura en su artículo del día mencionado el ex vicepresidente Juan Francisco Reyes López, al aseverar que en esta actividad «El ciudadano se inicia participando en asociaciones, sindicatos, gremios o cámaras y prosigue su participación al decidir ser miembro de un partido, dentro del cual existen (sic) etapas: ser afiliado, ser electo miembro del comité ejecutivo municipal, departamental y nacional; existiendo (sic) en esta evolución el nivel de ser secretario general o secretario general adjunto del comité ejecutivo nacional» y patatín, patatán, hasta ser candidato a concejal, síndico, alcalde, diputado y si se descuida llega a postularse a la Vice o la Presidencia de la República.
Si esta versión fuera cierta, Guatemala presumiría de contar con el mejor sistema democrático representativo, porque ningún candidato a cualquier cargo de elección popular tendría que estar tocando puertas para obtener financiamiento, no adquiriría compromisos de ninguna índole y contaría con mucha experiencia en la actividad política porque habría escalado todo el escalafón partidista.
Las circunstancias son muy diferentes, lo que se puede comprobar -para no ir muy lejos- con un reportaje que ese mismo viernes publicó este vespertino, con el titular «El PAN quiere resucitar». En el subtitular se lee: «En el afán de sacar de la agonía que vive el Partido de Avanzada Nacional, el empresario Juan Guillermo Gutiérrez firmó legalmente como nuevo Secretario General»
Contradiciendo a don Juan Francisco, el señor Gutiérrez jamás fue candidato a concejal, a alcalde ni a diputado y ni siquiera integró algún comité ejecutivo municipal, como para que se pueda afirmar que fue escalando posiciones en ese partido, que el año anterior comenzó haciendo proselitismo por el también ex vicepresidente Luis Flores Asturias; pero como este dentista no tenía la suficiente plata para financiar al PAN, fue cambiado por el empresario Francisco Arredondo, pero un día antes de la convención nacional para consagrar su candidatura, resultó que siempre no y que el candidato sería el publicista í“scar Rodolfo Castañeda, supuestamente patrocinado por el actual secretario general panista.
Esta es la realidad de la política partidista en Guatemala, y no la que delira el señor Reyes López.
(Al citar al finado actor George Burns, el enamorado líder político Romualdo Tishudo Herrador comenta: -¿Saben lo que es llegar cansado a la morada y encontrar una mujer que te dé un poco de amor y dé consuelo? Significa que te equivocaste de casa).