Tensiones sociales reciben el Nuevo Año


Tras la pausa navideña, el gobierno italiano de centroizquierda reanudó hoy su actividad en un clima marcado por las tensiones en varios frentes: crisis de basurales en Nápoles, amenaza de huelga general por los salarios bajos y posible riesgo de perder la mayorí­a parlamentaria.


Después de haber pasado unos dí­as esquiando como suele ser la tradición en Europa, el jefe de gobierno, Romano Prodi, de 68 años, se vio obligado a celebrar hoy una reunión urgente con el ministro de Medio Ambiente para encontrar una salida a la grave crisis provocada por las montañas de basuras que sumergen a Nápoles, la capital del sur de la pení­nsula.

Más de 100 mil toneladas de inmundicia, desechos, residuos de comida, papeles, trozos de cosas rotas y desperdicios se acumulan por las calles de Nápoles, cuya población comienza a temer por su propia salud y se niega de enviar a los niños a las escuelas.

Un problema complejo y difí­cil, que se repite con frecuencia desde 1994 debido al escaso número de basureros y a la polí­tica de la mafia local, la Camorra, que maneja desde hace años el jugoso negocio del tratamiento de basuras tóxicas y está interesada en que la crisis perdure.

El diario Il Corriere della Sera denunció con un tí­tulo tajante la situación en esa ciudad: «Nápoles, hedor y vergí¼enza».

La caótica situación de los basurales no sólo le costó a Italia una multa de la Comisión Europea por violación de la legislación comunitaria en materia de desechos, sino que ha afectado también la imagen del paí­s en el mundo, como admitió el mismo Prodi.

Si la emergencia en Nápoles genera aprietos polí­ticos y sociales, las relaciones con los sindicatos se han tensado por otros asuntos.

Las tres mayores centrales sindicales exigen «inmediatamente» un aumento de los salarios más bajos y menor presión fiscal y amenazan con declarar una huelga general a finales de enero.

«Nos vamos a dar cuenta rápidamente si nos lanzan un pescado envenenado o se quiere llegar a un acuerdo», advirtió el lí­der de la Confederación católica Cisl, Raffaele Bonanni, en une entrevista al diario La Stampa.

El ministro para la Solidaridad Social, el comunista Paolo Ferrero, reconoció que el problema de los salarios será decisivo para mantener unida a la mayorí­a polí­tica, cuyos partidos, cerca de diez, se reunirán este mes para analizar el asunto.

El gobierno de centroizquierda, en el poder desde mayo del 2006, se encuentra permanentemente al borde de la crisis y depende de los pequeños partidos para mantener la mayorí­a, entre ellos comunistas, verdes y católicos moderados.

Prodi ha logrado superar varias crisis de gobierno y muchos analistas piensan que este año será clave para su permanencia en el poder ya que podrí­a perder la mayorí­a en el Senado, que conserva gracias a uno o dos votos.

«Es un año peligroso para Prodi. Si fracasa en el Senado, no se excluye la designación de un nuevo jefe de gobierno o la convocación de elecciones anticipadas», aseguró Marco Tarchi, profesor de ciencias polí­ticas de la Universidad de Florencia.

Por otro lado, la autorización para celebrar un referéndum que obligue a la clase polí­tica a reformar la ley electoral se conocerá el próximo 16 de enero.

«Si la Corte Constitucional rechaza la realización del referéndum, los pequeños partidos polí­ticos descansarán tranquilos y Prodi tiene más probabilidades de sobrevivir. Caso contrario, la vida se le complica aún más a Prodi», explicó Roberto Dalimonte, editorialista de Il Sole.

Para evitar el referéndum, obligatorio en caso de autorización de la Corte, el Parlamento puede acordar una reforma electoral, lo que hasta ahora no ha sido posible debido a las divergencias entre los partidos.