Justamente antes de iniciar a escribir la presente columna, como suelo hacerlo semana a semana y con la lectura asidua del tema que me apasiona, la política internacional, me he encontrado con la tremenda situación suscitada en la frontera Sur de Colombia y que ha puesto «al borde del precipicio» la estabilidad política y regional de esa importante zona de América.
Mi intención esta tarde originalmente era la de continuar analizando a la luz de los comentarios iniciados desde el Derecho Internacional, el tema de la soberanía y la jurisdicción territorial, utilizando al Maestro Brotóns; no obstante para no perderme en apreciaciones teóricas me he permitido esbozar algunos elementos que considero importantes y que expongo para que nuevamente usted derive en su propia prospectiva.
La tensa situación que se vive en estos momentos entre Colombia, Ecuador y Venezuela podría generar en un futuro no lejano en un completo y absoluto desastre con previsibles consecuencias económicas, políticas y humanitarias. Sin entrar a considerar cuáles fueron las causales que derivaron en el conflicto, que ustedes ya conocen: incursión de tropas colombianas en territorio ecuatoriano, muerte del Comandante Reyes, incautación de material de inteligencia, acusaciones de uno y otro lado de la frontera, crispación, rompimiento de relaciones diplomáticas y pretendidas acusaciones ante la Corte Internacional Penal de Justicia, queda evidenciado que nos encontramos ante un escenario, repito con imprevisibles consecuencias.
Las alertas se han disparado, y los actores políticos y mediadores han ofrecido de buena fe participar activamente para evitar una escalada que podría llevar a una segunda etapa en el conflicto. Por mi experiencia y espero no equivocarme, no veo una confrontación directa entre las naciones en disputa, son mas fuertes los lazos que unen que los que separan.
La crisis que se presenta puede constituirse en una tremenda oportunidad para aliviar o a lo mejor para solventar de una vez por todas las tensas relaciones político-diplomáticas que se viven en la región. Más allá de los intereses geo estratégicos, la lucha de espacios o las diferencias ideológicas, esta podría resultar siendo la mejor oportunidad para la paz.
Las presiones para sentar a la mesa a los actores son muchas, tengo la certeza que la diplomacia y la razón habrán de privar por encima de la fuerza. No olvidemos actores importantísimos en la crisis, el liderazgo de Brasil, la vinculación histórica del Perú, la mediación de la OEA, los vínculos fuertes y profundos de hermandad que los unen no pueden verse rotos de la noche a la mañana, me resisto a creerlo.
En todo proceso de negociación siempre se coloca sobre la mesa los puntos del conflicto, se agenda, se calendariza, se define el método, se priorizan objetivos, esta crisis debe repito ser vista como una oportunidad para el dialogo y la reflexión profunda, la voluntad de las naciones amigas para ayudar debe ser bien recibida y la comunidad internacional y el Derecho deben de prevalecer.
Por ultimo, la suma de intereses de actores externos habrá que considerarse y por supuesto la vida de los ciudadanos retenidos por las FARC, vidas útiles y que sin duda serán consideradas en el proceso de negociación para recomponer la maltrecha paz.
Antes de finalizar y a raíz de algunos comentarios que he recibido y que considero en extremo válidos e importantes, tengo que reconocer que como guatemalteco y como politólogo no puedo permanecer indiferente ante la realidad nacional que golpea día a día y que no es mas que el resultante de una acumulación de situaciones históricas que obviamente no pretendo resumir en una sola entrega.
Ante la critica y cuestionamientos válidos del por qué del análisis internacional, me permito aclarar que este modesto aporte no podría ni imaginariamente proponerse solucionar problemática nacional o internacional, lo que sí se pretende es aportar desde concepciones teóricas propias y ajenas para la construcción de auténticos escenarios que permitan identificar que esta sucediendo en nuestro entorno, construir escenarios e incidir positivamente.
La dimensión de lo que ocurre a nivel internacional nos puede ayudar a generar un reflejo de lo doméstico y a su vez lo doméstico nos puede indicar cuál es la ruta por la que nos movemos como Nación en el sistema internacional, esta doble condicionalidad de factores nos llevaría finalmente a concebir a la política exterior como una política publica y a involucrar a la política pública (los supremos intereses de la Nación y de sus ciudadanos) en la construcción de la política exterior.
Los cambios estructurales a los que me he referido someramente en anteriores entregas habrán de concretarse tarde o temprano en Guatemala, para ello me he venido preparando con modestia y dedicación; con 41 años considero que el tiempo del compromiso con mi país habrá de llegar, de eso no tengo la menor duda, mientras tanto a continuar aprendiendo y aportando modestamente desde esta columna.