“Tenés que morir vos”


Repo_1

La guerra que enfrenta a las pandillas tiene múltiples y complejas causas, como la disputa de territorios entre grupos rivales, viejas rencillas entre líderes de clicas y la intervención de terceros, pero en medio de esta situación, cientos de jóvenes de zonas marginales que son absorbidos por los grupos criminales también exponen sus vidas sin conocer las causas reales y los intereses ocultos de esos combates urbanos. Estar en el lugar y momento equivocados es para ellos una condena de muerte.

Repo_2Repo_3Repo_4

MARIELA CASTAÑÓN
mcastanon@lahora.com.gt

De acuerdo con informes policiales, jóvenes y adolescentes –desde  los 14 años– participan en los enfrentamientos que se suscitan entre pandillas rivales, recurrentemente en áreas marginales y que muchas veces terminan en masacres, pero pocos de ellos conocen las verdaderas causas que originan esos conflictos.

Para entender cuál es el origen de los ataques entre las mismas clicas, es necesario escudriñar a lo interno de éstas y comprender los factores que motivan un odio bidireccional que a simple vista puede parecer irracional. Por eso, se consultó a un expandillero, que ha pasado por un proceso de regeneración, para explicar qué hay detrás de los enfrentamientos entre las “maras” guatemaltecas.

Ahora Sergio* tiene 29 años y trata de llevar una vida normal; tiene un empleo y varios pasatiempos, además de una forma de expresarse poco común, por lo que pocos sospecharían que perteneció a una de las clicas más temibles de Guatemala cuando tan solo era un adolescente.  La actitud violenta no la aprendió precisamente en la calle, pues su entorno familiar estaba rodeado de golpes y alcoholismo; su padre lastimaba a su mamá y sus hermanos, y luego su madre se convirtió en alcohólica.

Mientras tanto, en las calles, las pandillas le ofrecían un espacio y encontraba en ellas un sentido de pertenencia; eran alrededor de 160 jóvenes, la mayoría menores de edad.  Sus mentores fueron centroamericanos que llegaron deportados de Estados Unidos y que encontraron en Villa Nueva un espacio para crear un grupo delictivo y operar bajo la sombra de la impunidad.

En aquel entonces era muy difícil entender el fenómeno de las pandillas, pero ahora Sergio ve con claridad su pasado y concluye que el establishment contribuye a la operatividad de los grupos delictivos, pues siempre hay quien provea armas, quien esconda a los delincuentes y quien preste su protección, todo con el objetivo de mantener un sistema de impunidad.

“Yo tenía 11 o 12 años. La pandilla a la que pertenecía venía de Estados Unidos, era más como gánster, no pandillero todo  tatuado; más estrategia, pensar, vender, obtener efectivo, poder, era más eso.  Nosotros veíamos esa gente estudiada, con dinero, pudiente; era nuestra meta ser así, claro que ellos tenían en su pensamiento de no dejarnos subir hasta cierto punto”, señala.

Sus vecinas eran prácticamente quienes lo escondían cuando las autoridades los perseguían; según él, la mayoría de estas mujeres tenían hijos pandilleros y por esa razón lo cuidaban. La Policía jugaba un rol importante, porque también recibía un pago en especie por trasladar información a los grupos de pandillas, cuando se realizaba un allanamiento o captura, tal como sucede ahora, indica.

El entrevistado, quien perteneció por varios años a la estructura, indica que las masacres que se suscitan entre los grupos de “mareros” tienen diferentes móviles. Admite que pueden ser por odios heredados, por disputa de territorio, pero también por la implicación de quienes realizan limpieza social.

“Se fue creando un odio hacia mí, porque fui uno de los que sobrevivió (a un plan de limpieza social); ahora yo tengo que cuidarme de los que me seguían, de los que estuvieron conmigo y de los familiares que me odian por haber sobrevivido”, indica. Cuando se le cuestiona sobre las razones de por qué se genera este sentimiento, responde: “Se va creando eso. Algunos padres piensan, si se murió mi hijo, tenés que morir vos, porque vos también andabas en eso. Es parte de la violencia que se le va transmitiendo a los demás”, señala.

El joven explica que supuestos planes de limpieza social acabaron con varios jóvenes que habían ingresado a las pandillas y otros que eran obligados por las clicas para sumarse a éstas, tanto en el municipio de Villa Nueva como en otros sectores.

“Sobreviví a la limpieza social del ‘plan escoba’, cuando acabaron con todo (…) Aparecían jóvenes en ríos de aguas negras, en el Búcaro; tres, cuatro, abajo del puente el Incienso y el de Belice”, explica.

Sergio relata que el odio que propiciaban las masacres también se derivaba de la disputa de territorio y de violencia, generada por los mismos pandilleros. “Lo que pasa es que nosotros teníamos nuestro grupo de encargo, el grupo de puros sicarios; si nos topábamos con diez, a los diez teníamos que ‘darles agua’ ”, señala.

Actualmente, la forma de cómo mueren los jóvenes y adolescentes es el punto de investigación, para determinar lo que se esconde detrás de las masacres, que pueden tener diferentes matices, pero muchos de los menores de edad involucrados en esos grupos –por decisión o por presión–, ni siquiera entienden lo que hay detrás de los enfrentamientos.                        

MASACRES

Según estadísticas de la Policía Nacional Civil (PNC), hasta el 14 de marzo de 2012 se reportaba un total de ocho masacres en el país: cinco solo en los municipios de Mixco y Villa Nueva –en el departamento de Guatemala–, y tres en el resto del país.

El año pasado, la institución policial documentó un total de 65 masacres, 38 en los municipios de Guatemala y 27 en las zonas 5, 18, 21, 11 y 7, con un saldo de por lo menos 174 personas asesinadas.

El Grupo de Apoyo Mutuo refiere que hasta los primeros once días de marzo, se cuantifica la muerte de por lo menos 25 personas, en la capital y sus municipios.

Investigadores de la PNC refieren que los crímenes se originan principalmente entre los grupos delictivos que operan en las áreas populares de Guatemala.  Sostienen que los enfrentamientos surgen de la rivalidad entre las clicas de pandillas, pero también por la disputa de territorio, por extorsión o distribución de droga.

El expandillero que accedió a hablar con La Hora dice que estos crímenes se derivan por la herencia de odio, muchas veces “sin sentido”, que se traslada de generación en generación, aunque también admite que en una gran cantidad de casos existen razones materiales, como la pelea de territorio para delinquir.

El entrevistado argumenta que otros móviles están relacionados con la limpieza social y participación de terceros, que buscan provocar muertes entre grupos rivales, o bien ellos mismos son parte activa de los asesinatos.

Esta declaración coincide con la investigación “Características de las muertes violentas en el país” realizada hace algunos años por la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), donde explica la diferencia entre las muertes provocadas por pandillas y por actores de limpieza social.

“Las maras asesinan de forma más directa y menos complicada posible.  En los casos de limpieza social se cuenta con infraestructura y recursos que permiten muertes menos directas, generalmente acompañadas de tortura”, señala.

Según el informe, las operaciones de limpieza social buscan generar terror mediante las señales de tortura, “se trata de advertir a otras víctimas potenciales de lo que podría sucederles.  En el caso de las maras el objetivo suele ser solo la eliminación de una víctima”, refiere.

La PDH  indica que en el caso de la muerte entre pandilleros, la edad es determinante, pues habitualmente se trata de disputas entre jóvenes, pero las operaciones de limpieza social suelen abarcar un rango más amplio de edades.

“En las muertes provocadas por maras se evidencia un menor manejo de recursos y técnicas.  En las operaciones de limpieza se hace manifiesto, e indispensable, el uso de recursos, como automóviles, lugares de confinamiento y medios de comunicación, entre otros”.

La investigación también sostiene que cuando se gestan procesos de limpieza social, se intenta crear una opinión pública favorable al respecto.  En el país, se han encontrado mantas, volantes, calcomanías y afiches que persiguen dicho objetivo”, señala.

PREVENCIÓN, SENSIBILIZACIÓN

Eluvia Velásquez, coordinadora de Proyectos, de la Asociación de Prevención del Delito (APREDE), considera que las masacres y la violencia que, en parte, generan las pandillas, puede controlarse, a través de mecanismos de prevención en todos los niveles.

“No hay un sistema de rehabilitación, reinserción, tampoco hay un sistema de indicadores que permitan dar resultados de qué están haciendo en la prevención en cárceles, afuera también. La recuperación de espacios recreativos y deportivos sería importante para los niños que están en riesgo; dentro de las escuelas sería importante reforzar los valores; que la sociedad civil y el gobierno trabajen de manera integral”, indica.

Velásquez dice, que la sensibilización en todos los entornos debe ser considerada, porque la violencia puede erradicarse, con el compromiso de los guatemaltecos.

“Es importantes sensibilizar a la gente adulta y a los jóvenes, que podemos hacer cambios significativos en la sociedad, ir cambiando un poquito el pensamiento, de que a golpes, a maltratos, a gritos no vamos a llegar a nada, está comprobado.  Es cierto que hay muchos guatemaltecos que estamos siendo golpeados por la violencia y dan ganas de hacer maldades por ratitos, pero busquemos cómo podemos colaborar nosotros desde nuestro ambiente, desde nuestra familia, en las escuelas, de allí tenemos que prevenir también”, dice.

La entrevistada concluye, que los comités de vecinos o grupos dentro de las colonias, también pueden asumir un papel importante, porque si han identificado quién genera violencia, también pueden detectar por qué se provocó la violencia.

SUCESOS RECIENTES:
MASACRES


En los últimos meses, los cuerpos de socorro y la PNC reportan varias masacres en diferentes zonas del país. Algunos de los hechos más relevantes, son:

El 22 de enero, ocho personas murieron en el interior de la Cevichería El Ranchón, en Villa Nueva; aparentemente el crimen estaba vinculado por disputa de territorios entre grupos delictivos.

En Tierra Nueva II, el 8 de febrero se cobró la vida de un joven, cuatro personas más resultaron heridas, entre estas un niño de 11 años; posteriormente se supo que varios de los heridos fallecieron en un centro asistencial.

La masacre registrada el 13 de febrero en la zona 18, cuando murieron Kenoly Eleázar Amaya, de 17 años; Wilmer Omar Peña de Paz, 16; Juan José Cabrera Alfaro, 21; otras personas resultaron heridas y murieron en los centros asistenciales.

“La pandilla a la que pertenecía venía de Estados Unidos, era más como gánster, no pandillero todo tatuado…”