Con alegría y felicidad, los mil 200 millones de católicos recibieron la clásica frase en latín con la que el Colegio Cardenalicio, reunidos los 115 electores en la Capilla Sixtina, concluyó su quinta votación, donde por más de dos terceras partes eligió a Jorge Mario Bergoglio como el 266 sucesor de Pedro y al así hacerlo eligieron al primer Papa Jesuita de la historia y al primer pontífice nacido en América Latina, quien adoptó el nombre de “Francisco” en honor al fundador de la Orden de los Jesuitas y como un mensaje que durante su pontificado, igual que lo hiciera durante su sacerdocio y como obispo de Buenos Aires, Argentina, su actuar será predominantemente el de una persona caracterizada por la austeridad, la humildad y el diálogo, aspectos que de alguna forma sintetizan el proceder de sus dos antecesores: Juan Pablo II y Benedicto XVI.
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El nuevo Santo Padre en su sacerdocio que se iniciara el 13 de diciembre de 1969 se ha caracterizado por su clamor en contra de la desigualdad, comparando la pobreza con la violación de derechos humanos, reprochando al gobierno de su país por no impedir el aumento de la pobreza la que considera “inmoral, injusta e ilegítima”, expresando que Argentina tiene las condiciones económicas necesarias para evitar la pobreza y la extrema pobreza y que pareciera que ha optado por agravar más las desigualdades. Él ha reclamado una actitud “ética, cultural y solidaria” para saldar la deuda social con millones de argentinos. En el año 2009, durante una huelga de servidores públicos en Buenos Aires, expresó: “Los pobres son perseguidos por pedir trabajo y los ricos son aplaudidos por huir de la justicia”.
El hoy Santo Padre ha expresado su oposición al matrimonio homosexual que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner apoyó y aprobó, también se ha opuesto al aborto, a la eutanasia y aunque acepta el uso de anticonceptivos para evitar la propagación de las enfermedades, se ha opuesto a la distribución gratuita de los mismos.
Al haber quedado electo y presentarse ante los feligreses en el balcón que da a la Plaza de San Pedro expresó: “Queridos hermanos y hermanas, saben que el deber del cónclave es dar un obispo a Roma y parece que mis hermanos cardenales se han ido a buscarlo al fin del mundo, pido a los congregados un favor, recen a Dios para bendecir a vuestro Papa”, evidenciando con ello su característica naturaleza y prioridades. América Latina representa el 41.3% de los católicos y sin duda alguna la elección realizada será un gran estímulo para que los sacerdotes y la feligresía cobren mayor fe y mayor entrega.
En lo personal, teniendo casi la misma edad que el nuevo Santo Padre he tenido la bendición y dicha de conocer y saludar a varios Papas; en 1956 al Papa Pío XII, gracias a mis padres, quienes lograron una presencia en la audiencia pública de la Basílica de San Pedro; también saludamos, mi familia y yo, a Juan Pablo I y por supuesto tuve el gran honor de tener una audiencia privada en Roma con Juan Pablo II y de tener otra en su tercera visita a Guatemala.
Hace dos años mi nieto Juan Francisco y yo fuimos los primeros en saludar en Roma a Benedicto XVI y aunque alguna persona de mala fe, por ignorancia u otras razones, alguna vez han dicho que mi familia o yo no somos católicos, ello no desvirtúa la fe que han profesado mis bisabuelos, abuelos, padres, hijos y nietos, quienes nos sentimos honrados de ser católicos profesantes y como a todos nos llena de alegría la elección que por la voluntad de Dios, de su vocación jesuita y su voluntad personal ha escogido el nombre de “Francisco”.
¡Guatemala es primero!