«Tenemos hambre»


El clamor popular de cientos de ciudadanos haitianos se levantó en una sola voz en un canto de desesperación prolongado «tenemos hambre». La situación desesperante que ha golpeado en el colectivo social y que ha matizado la complicada situación de esta empobrecida nación, no es más que el fiel reflejo de una realidad mundial y que no sólo golpea a las naciones del mal llamado Tercer Mundo sino que también a las economí­as emergentes y de los grandes capitales (basta recordar la escasez de arroz en los Estados Unidos el mes recién pasado). He de referirme al artí­culo de opinión del miércoles 23 de abril titulado «El poder de compra» y la situación paulatina de inflación mundial.

Lic. Carlos Escobedo

En los últimos tiempos se han reproducido cifras, se han evidenciado realidades y como por arte de magia, algunos analistas han sacado de la chistera una situación que habí­a permanecido soslayada de la gran mayorí­a de foros económicos. El tema del hambre es un tema estructural que responde primordialmente a viejos modelos de desarrollo basados en la exclusión y la desigualdad. Habrá que reconocer el mérito de las naciones que con escasos recursos, abandonan el modelo asistencialista, sinceran su realidad y realizan enormes esfuerzos por liberar a sus pueblos del lastre del hambre que en definitiva resulta siendo la cara más visible de la miseria.

Tarde para los economistas que anteriormente pregonaron la liberalización económica y hoy se rasgan las vestiduras, el haber permitido soslayar del debate económico la integración con modelo de desarrollo, es quizás ese su mayor pecado.

Habrá que reconocer no obstante, que algunos lí­deres y académicos, justamente del Tercer Mundo, habrí­an alzado la voz advirtiendo lo que ya es una realidad, el mundo en general empieza a padecer hambre.

Desde mi personal punto de vista, la humanidad ha empezado a reescribir otra página de su historia, llámela si desea el modelo económico de la escasez mundial empujado por una demanda desmedida y una oferta disminuida del petróleo, portentosa columna del sistema financiero mundial y pilar fundamental en la economí­a y en la generación de bienes y servicios. Dejo en su retina y para posterior análisis, lo que ha sucedido a lo largo de la historia de la civilización cuando los recursos son escasos.

Ahora bien, retomando las consideraciones del hambre, convendrí­a antes de continuar, precisar algunos conceptos básicos los cuales recurrentemente tienden a confundirse: hambre, hambruna, desnutrición y malnutrición no son sinónimos.

Se puede aparentar una condición fí­sica saludable, tener unas libras de más, pero no alcanzar los nutrientes necesarios para una vida sana, esto es señal de malnutrición, primordialmente en las economí­as aceleradas en donde la comida chatarra predomina. Por otro lado, podemos sentir la necesidad pasajera de alimentarnos, esto es tener hambre o pasar hambre si no se puede satisfacer la necesidad, cuando el hambre se generaliza a un conglomerado y se prolonga en el tiempo, entre otros, por factores polí­ticos y/o naturales, estamos en presencia de una hambruna. La desnutrición la encontramos en dos formas, la crónica es la irreversible y se construye primordialmente por mapas de pobreza y afecta primordialmente desde la gestación hasta los primeros dos años de vida, es la que más golpea al desarrollo. Finalmente la desnutrición aguda es aquella que se da como resultado de procesos prolongados de hambruna y que si bien es cierto es reversible, deja huellas permanentes en quienes la han padecido.

He querido esta tarde evidenciar un tema que para nada resulta nuevo y que golpea recurrentemente al mundo entero. El hambre presenta facetas invisibles en la mayorí­a de los casos que descompone sociedades; irónicamente el hambre es el resultado de sociedades descompuestas. El hambre es un tema de trascendencia mundial que atañe a la humanidad, no es un proceso aislado de determinadas realidades. Quizás por ello que, en algunas naciones en donde más ha golpeado ha dado inicio hacia un cambio de modelo más incluyente y equitativo, lo cierto es que el mundo no habrá de esperar resultados milagrosos de la noche a la mañana. Si de por sí­ la tarea era titánica, en las actuales circunstancias y en ese tsunami en el que se encuentra la economí­a mundial, resultará aun más difí­cil, no por ello imposible de lograr resultados. A cada uno, como ciudadanos del mundo le corresponde aportar algo.

Politólogo con orientación en Relaciones Internacionales y estudios de Postgrado en Polí­tica y Derecho Internacional.