Temen incursión militar



Los kurdos de Cizre, una localidad del sureste de Turquí­a, temen una intervención militar contra los rebeldes kurdos, del otro lado de la cercana frontera turco-iraquí­.

«Una operación del otro lado de la frontera implicarí­a más sangre y guerra. Ya hemos sufrido mucho», confí­a Metin Selcuk í–zalp (23 años), que vende copias pirateadas de las últimas pelí­culas de Hollywood en esta ciudad de unos 80.000 habitantes, situada a 45 km de la frontera.

«Lo que necesitamos son inversiones», añade el joven.

La ciudad de Cizre, en la provincia de Sirnak, se encuentra en el corazón del sangriento conflicto en el que están enzarzados desde 1984 el ejército turco y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), y que se ha cobrado más de 37.000 vidas.

Ante los recientes ataques del PKK, el gobierno turco obtuvo la semana pasada la autorización del Parlamento para intervenir en el vecino Irak, contra unos 3.500 rebeldes kurdos que utilizan el norte iraquí­ como retaguardia.

La posibilidad de una intervención ha aumentado la tensión entre Ankara y Bagdad. Por su lado, Estados Unidos llama a la calma, porque teme que una operación militar turca desestabilice una de las pocas regiones relativamente tranquilas de Irak.

Pero también los kurdos de Turquí­a se sienten amenazados.

«Siempre nos toca a nosotros cargar con lo peor. La mayorí­a de las familias de aquí­ tiene a un familiar en el ejército, o que lucha con el PKK», cuenta un taxista, Idris Serim, de 39 años.

En Cizre, muchos habitantes temen que una posible operación militar, en teorí­a limitada a las montañas del norte de Irak, se extienda a toda la región y alcance las ciudades, como ocurrió en 1992-1993, en el peor momento de la rebelión del PKK.

«Yo crecí­ con la guerra. No podí­amos salir por la tarde, y durante la noche escuchábamos los disparos», recuerda Tahir Acar, de 28 años, que supervisa la renovación de una tienda de ropa.

«No queremos volver a vivir eso, ahora que la situación ha empezado a mejorar», añade.

En un intento de acercarse a la Unión Europea, Turquí­a abolió recientemente el estado de emergencia en vigor durante 15 años en la región, y ha autorizado la enseñanza de la lengua kurda en centros privados.

Una operación militar tendrí­a también graves consecuencias económicas, si se cerrase el paso fronterizo de Habur. Hoy dí­a, la economí­a regional se basa en la circulación de camiones que transportan bienes de consumo a Irak y vuelven repletos de carburante barato.

«El paso fronterizo de Habur es la única fuente de ingresos. ¿Qué hará la gente si está cerrado? ¿Unirse a los rebeldes en las montañas?», se interroga Metin Selcuk í–zalp.

Ramazan Ekmekci, cuya tienda de telefoní­a móvil depende del comercio con el norte de Irak, es también muy pesimista.

«Si no hay dinero, habrá una rebelión. Y si la población cede a la provocación y saca las armas, ni Turquí­a ni Estados Unidos podrán evitar nada», advierte.

Opuestos a una intervención militar, muchos lugareños desean que haya negociaciones entre los rebeldes y Ankara, y que se le otorguen más derechos a la comunidad kurda.

«No queremos la secesión de Turquí­a para crear nuestro propio Estado. Los turcos y los kurdos viven juntos desde hace siglos», recuerda Ismail Kurtulus, propietario de una tienda de artí­culos electrónicos.