Tema en vilo para cumbre


La Cumbre Unión Europea-América Latina esta semana en Lima deberí­a impulsar las negociaciones de acuerdos de asociación entre la UE y Centroamérica, la Comunidad Andina y el Mercosur, aunque los disensos internos en la región, la crisis alimentaria y la ronda de Doha de la OMC conspiran contra esa ambición.


«Lima nos dará la oportunidad de hacer un balance de las negociaciones con América Central y la Comunidad Andina lanzadas en 2007 y saber dónde estamos en estos momentos con Mercosur. Si seguimos avanzando como hasta ahora podrí­amos concluir los acuerdos hacia finales de 2009», dijo la semana pasada la comisaria europea de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero Waldner.

Si de este modo Ferrero Waldner mostró la voluntad polí­tica de Bruselas de cara a esas negociaciones, la realidad es que los tres procesos viven realidades muy diferentes y enfrentan dificultades particulares.

El caso paradigmático son las negociaciones entre la UE y el Mercosur, que debieron haber concluido en 2004 y que se encuentran casi paralizadas desde entonces a la espera de un acuerdo en la OMC (Organización Mundial del Comercio) sobre los capí­tulos agrí­colas y de bienes industriales y servicios.

El comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, reiteró la semana pasada que la UE sólo podrá completar su acuerdo con el Mercosur «una vez que se conozca el resultado de la Ronda de Doha», de la cual aguarda un nuevo impulso a mediados de mayo en Ginebra y también en Lima en discusiones con Brasil.

Mandelson explicó que Lima permitirí­a acercar posiciones con Brasil, del que se espera una mejor oferta de recorte de aranceles para los bienes industriales europeos.

En cuanto a América Central, las discusiones han progresado a buen ritmo y el pasado 18 de abril se celebró la tercera ronda de negociación con avances en la revisión de las ofertas de acceso a mercados.

Sin embargo, el proceso choca aún con problemas muy básicos, como la organización entre los propios centroamericanos: «No se logra definir cómo negociar de región a región», graficó en abril pasado el jefe negociador de la UE para la parte comercial del acuerdo con Centroamérica, Rupert Schlegelmilch.

Además, quedan asuntos importantes sin resolver del capí­tulo polí­tico, como la adhesión a la Corte Penal Internacional (CPI) de todos los paí­ses de la región, una exigencia vista con reticencia por Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

Si el plazo propuesto para la Comunidad Andina de Naciones (CAN) es el mismo, el primer semestre de 2009, los problemas que enfrenta este bloque parecen ser tanto o más complicados que los del Mercosur.

La CAN ha afrontado varias crisis en los últimos dos años debido a diferencias entre sus miembros. Venezuela, que perteneció al bloque hasta 2006, lo abandonó molesta por los acuerdos de libre comercio unilaterales suscritos por Colombia y Perú con Estados Unidos.

De su lado, Ecuador se niega a negociar un acuerdo de libre comercio propiamente dicho e insiste en discusiones que abarquen «sector por sector, producto por producto, las ventajas y el beneficio mutuo», como explicó su presidente Rafael Correa.

A esto se suma el enfrentamiento entre Bogotá y Quito por la incursión militar colombiana en territorio ecuatoriano y la crisis que vive Bolivia con el movimiento autonómico de cuatro regiones lideradas por Santa Cruz.

En lo estrictamente comercial, el espinoso tema del banano sigue siendo el gran tabú, con el enésimo pleito en la OMC entre Ecuador, primer exportador de banano, y la UE por las tarifas aduaneras.

Hasta el momento, los únicos paí­ses latinoamericanos que han logrado firmar acuerdos de asociación con la UE son Chile y México, una realidad que parecerí­a contradecir la fórmula de la negociación bloque a bloque como la más indicada para abrir el comercio bilateral.