“Telemarketing”, puf narices


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Aló, sí, soy yo, ¿quién habla?… no, no me interesa ningún servicio funerario, gracias. Diga, sí con ella, disculpe no me interesa una tarjeta, ¿quién le dio mi número?

Otra vez, es la quinta vez que me llaman este mes de ese banco, no estoy interesada en sus servicios y me molesta que llamen a mi número, que tengan información sobre mí. Silencio.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@gmail.com


Me llaman, saben quién soy, dónde vivo, presumo que adivinan cuánto gano. Insisten y cuando digo no y pregunto cómo obtuvo la información me cuelgan. He ido varias veces a quejarme a la compañía de teléfonos, pero empiezo a pensar que soy el objeto de sus burlas.
Yo no sé si existe una ley en Guatemala que resguarde o proteja los derechos de los consumidores para que nuestros datos no se rolen para telemarketing y otras cosas. Es desesperante responder llamadas que no espero, decir que no a cosas que no necesito y encima quedarme hablando sola mientras pido explicaciones, en eso en el mejor de los casos, varias veces me han insultado.

¿Con qué derecho reparten la información?, ¿tienen idea de lo riesgoso que es eso en Guatemala?, ¿por qué los diputados no se ocupan de este tipo de cosas y le ponen un alto a las empresas, que asumo son las de teléfonos, para que resguarden la información de sus clientes?

Que me compre un teléfono tarjetero mejor me han recomendado, pero igual debo dar mis datos, a menos que lo compre en el Guarda  y ayude a fortalecer la industria de los rateros –y eso pese a la ley que por lo visto pela, porque se siguen robando los celulares y los siguen vendiendo y activando–.

Harta de ser el payaso de  los empleados de la compañía que me brinda servicio –si es que puede llamarse así–, de telefonía celular, llamo a la Diaco y me dejan esperando, olvidada y gastando en la llamada, intento dos veces más y nada.

Cuelgo y justo en ese momento suena mi teléfono. Buenas tardes Claudia Navas Dangel (pronunciado  mal mi apellido por supuesto), tenemos lo que usted necesita. Mientras oigo eso, pienso ojalá y luego espero que termine la letanía de opciones para el fin de semana, sin costo alguno dice y nuevamente digo, no, no gracias, quién le dio mi número de teléfono. Clack.

Pienso en llamar a la Diaco de nuevo, pero no quiero incomodarme más. Si alguien que me lee trabaja en una empresa de marketing y ve mi nombre por favor no me llame.