Teherán intenta restituir el legado de Ahmadineyad


Gustavo-Osegueda

Nuevos vientos con renovada diplomacia, voluntad y apertura política bajo la nueva presidencia de Hasán Rouhaní soplan en el mundo en torno a la diplomacia iraní. Hace unas semanas expusimos el tema de la ruptura radical de relaciones diplomáticas en 1979 entre Teherán y Washington, generada por la conocida crisis de los rehenes en Teherán, y en esta ocasión nos referiremos a la ruptura diplomática “no formal” entre Teherán y Londres interrumpidas en noviembre de 2011, luego de un asalto de estudiantes radicales a la Embajada del Reino Unido en Teherán, bajo el gobierno de Mahmud Ahmadineyad.

Gustavo Osegueda


El Reino Unido ordenó en noviembre de 2011 el «cierre inmediato» de la embajada de Irán en Londres tras un ataque contra su propia legación en Teherán, la cual también fue cerrada, por el incidente. Un grupo de estudiantes radicales iraníes asaltó y saqueó la embajada británica en Teherán, lo que provocó la retirada mutua de sus embajadores y misiones diplomáticas.
Ante el Parlamento británico, el ministro inglés de Relaciones Exteriores, William Hague acusó en ese entonces al régimen iraní de haber «consentido» el asalto y el saqueo del complejo diplomático británico, que ya este había advertido que tendría consecuencias «graves».

A pesar de todo, el jefe de la diplomacia británica indicó que los cierres no suponían una ruptura formal de las relaciones con ese país. «Esto no equivale a una ruptura de relaciones diplomáticas en su totalidad. Es una acción que reduce nuestros vínculos con Irán al mínimo nivel consistente con el mantenimiento de relaciones diplomáticas», argumentó.  Sin embargo, el ministro acusó igualmente en su momento al régimen iraní, quien usualmente actúa de manera «implacable» a la hora de extinguir protestas, de haber tolerado el asalto contra su embajada.

Después de casi dos años de suspenso “parcial”, el ministro Hague, ha anunciado ahora que el Reino Unido nombrará a un encargado de negocios «no residente» para sus relaciones con Irán. El Gobierno de Teherán, por su parte, hará lo mismo con su representación diplomática.

El nombramiento es el primer paso para el pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, interrumpidas en 2011, lo cual es positivo, como una muestra del derretimiento del hielo entre occidente y la república islámica tras la elección de Hasán Rouhaní como presidente, el pasado mes de junio. Hague y el ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, se reunieron el mes pasado durante la Asamblea General de la ONU.

En declaraciones al Parlamento británico, Hague afirmó que este encargado de negocios será responsable, entre otras funciones, de dar pasos provisionales para la eventual reapertura de ambas embajadas. Eso sí, Teherán deberá hacer cambios sustantivos en su programa nuclear si quiere que occidente rebaje las sanciones económicas contra la república islámica, ya que en noviembre de 2011, el Reino Unido se sumó a una propuesta de EE. UU. de incrementar las sanciones comerciales a Irán por la agresiva política de expansión nuclear del anterior presidente, Mahmud Ahmadineyad.
Desde entonces, los asuntos e intereses británicos con Irán se han llevado desde la Embajada sueca en Teherán, mientras que el país persa se ha relacionado con Londres desde su representación diplomática en Mascate, Omán.
Hasan Rouhaní tras tomar posesión de la presidencia de la República Islámica de Irán, luego de ocho años de gobierno de Ahmadineyad, mediante su liderazgo, discurso y primeras acciones ha expuesto ciertas expectativas de apertura e interés por mejorar en términos generales, su política exterior e intentar resolver la crisis nuclear aprovechando no solamente la Asamblea anual de las Naciones Unidas, sino también la reciente cita en Ginebra, Suiza.
Aunque este nombramiento es solamente el primer paso de cara al pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas interrumpidas en 2011 entre los dos países, así mismo esto representa una prueba del afán por iniciar y agilizar el descongelamiento de las relaciones entre occidente y la república islámica tras la toma de posesión del nuevo presidente iraní Hasán Rouhaní a solo cuatro meses de haber tomado posesión. El diálogo es el camino más expedito para hallar la paz.