
I
En estas horas de agonía
te devuelvo las llaves
de la puerta las del mutuo pasado
y del incurable porvenir.
Invoco a todos mis muertos
nuestros muertos
lo que se nos muere
y los ojos buscan más allá de la pared
más allá de la ventana y la nube
en ayuno de latidos y amaneceres
por si puede detener el minuto siguiente
la herida, la sangre
su dolor.
***
V
No son las horas las que mueren
soy yo.
Que nunca podré quitarle a mi cuerpo
su memoria de vos
que vuelvo a ser una
luego de ser cómplice de siglos.
No son las horas las que agonizan
soy yo.
Que tengo un solo zapato
en el sentimiento
y por mi garganta cerrada
no pasa ni tu nombre.
No son las horas las que se duelen
soy yo.
Que siento en la boca
el sabor salobre del adiós
cada lágrima
se detuvo por un segundo
al borde del abismo
pero
por aquello del destino
y sus azares
terminé mordiendo el mar.
***
VIII
Antes de mi aire
siempre estuviste vos
durmiendo en el porvenir
antes fuiste
calor de pie descalzo
suspendido en mi bóveda
antes
cansamos a la noche
y le pusimos ojeras a la luna.
Antes siempre
estuviste vos.
Seguís estando.
En las tramoyas de este circo
nuestro
la función termina hoy.
Y seguirás.
***
XIII
Perdí el arete
al salir de tu cuerpo.
Me perdí.
Tanta gente
y yo desnuda
sin siquiera sombra
en estas horas
no queda luz
que proyectar.
Estoy agotada
narcotizada de realidad
rebasada por esta miserable derrota interminable
en pleno idilio con
el persistente buitre
que vuela sobre
nuestro cadáver.
***
XVII
Nadie muere
luego de la muerte
según dicen los cadáveres Entonces
es que estoy en el purgatorio
desde nuestra despedida.
Estás demasiado
en todo lo que tocaste (incluyéndome a mí)
(es insoportable tanta memoria de vos)
tu olor impregna las paredes
las sábanas
la memoria
aquel árbol me toca por tus ramas
mi insomnio es aún más solitario
el pan está enmohecido.
Estoy metida en el ataúd -catatónica-
y aún no muero
respiro
me doy cuenta de todo
quiero gritar y no puedo.
Nadie me oye
no saben que estoy viva.
***
XXIII
El amor nunca se va solo.
Se lleva con él
nuestro tiempo
y su intención.
Nos lleva.
Se lleva el agua
con todo
su manantial subterráneo
su río
y hasta su océano.
No se lleva la flor
sino su olor
y su tierra.
Jamás se va solo
nos vamos con él.
El poemario «Te devuelvo las llaves» de Carolina Escobar Sarti será presentado el jueves 30 de septiembre a las 18:30 horas, en el Centro Cultural Luis Cardoza y Aragón de la Embajada de México en Guatemala. Entrada libre.
Carolina Escobar Sarti: Guatemalteca, poeta, escritora, columnista de prensa, investigadora social y catedrática universitaria. Ha publicado cinco libros de poesía, así como varias obras de investigación social y cientos de artículos de prensa. Ha sido invitada a leer poesía en México, Argentina, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Colombia, Estados Unidos, Hungría, España y Canadá, entre otros.
En Guatemala ha recibido varios reconocimientos de distintos grupos, organizaciones y entidades como la Hemeroteca Nacional, el Seminario de Cultura Mexicana y la Embajada de México, el movimiento de mujeres, varias universidades, la Secretaría de la Mujer, la Mesa Nacional de Migraciones, y la Secretaría de la Paz, entre otros.
Como escritora ha representado a Guatemala en los festivales de poesía de Granada, Nicaragua, 2008 y Medellín, 2010; en encuentros de poetas en Hungría, Centroamérica y Argentina, en la Feria del Libro de Barcelona (2004) y en la de México (2009). En el año 2000 recibió el Premio UNICEF a la Comunicación.
Es autora de «Patria mi cuerpo. Historia de una mujer desnuda» (F&G Editores, 2009), «No somos poetas» (F&G Editores, 2006), «Rasgar el silencio» (Editorial Palo de Hormigo, 2003), «Palabras sonámbulas» (Ediciones ces, 2000) y «La penúltima luz» (Ediciones del Pensativo, 1999).