En la actualidad se impone a los distintos servicios públicos y privados, una serie de tarifas, mismas que en su mayoría no incluyen la totalidad de los costos mínimos, para la sostenibilidad de estos satisfactores sociales. La zona metropolitana y el interior de la República manifiestan escenarios idénticos, en donde las similitudes aventajan ampliamente a las posibles diferencias, confirmándose de esta manera que es un mal que aqueja a todo el territorio nacional.
miguelsaquimux@gmail.com
Cuando se aborda el tema de costos, algunos lo asocian con lo referente a lo que pueda encerrar el contexto financiero, de materias primas, transporte, etcétera. Sin embargo, en la actualidad el tema ambiental, se encuentra altamente correlacionado, con la variación de los costos que pueda representar la producción de un bien o la prestación de un servicio.
Hasta cierto grado es abstracto tratar de incluir un tipo de costo ambiental, y es por lo anterior que en países como el nuestro, se hace complejo la aplicación de gravámenes a la producción, que estén relacionados con el tema. No se trata de crear impuestos para desincentivar la producción o la prestación de algún servicio, pero, de lo contrario es difícil –por no decir que imposible– que las instituciones o empresas, hagan lo suyo para adherir al precio esta clase de costos.
Un buen inicio, sería dar una revisión a lo que acontece en la vida nacional actual, y se puede tratar el polémico tema del suministro de agua potable. En la ciudad existen variedad de tarifas, pero, si se hace un mínimo análisis se comprobará que se modifican dependiendo en primer lugar si el servicio es brindado por alguna comuna, y segundo, –que de no ser brindado por esta institución– por el sector en donde reside el usuario. Es decir, que todo gira en torno a la parte financiera, que se resume en los costos de canalizar el agua a las viviendas, mas no se contempla la sostenibilidad que representa mantener las zonas de recarga hídrica, que dicho sea de paso son vitales para asegurar el servicio en el largo plazo. Por otra parte, pero siempre en el mismo sentido, se observan casos en el interior del país que, los cobros son básicamente simbólicos, puesto que, se hablan de tarifas de hasta Q5, de los cuales en el mejor de los casos son pagados, porque se ha dado a conocer que algunos usuarios adeudan el servicio por una considerable cantidad de años.
Siguiendo con esta dinámica, podríamos trasladarnos a la esfera de la generación de desechos sólidos y líquidos, pero, para delimitar aún más el campo de análisis podríamos abordar únicamente el tema relacionado con la industria de alimentos. Hoy en día es notoria la abundante cantidad de desechos que genera el uso de material desechable en este sector, y al igual que el servicio de agua, no es contemplado el manejo de estos residuos. Es decir, que en el precio no es incluido el costo de manejo correcto de desechos sólidos.
Así podríamos continuar enumerando un sinfín de ejemplos, pero, lo que realmente importa es reflexionar acerca de lo que representa no contemplar la totalidad de costos en los precios o tarifas, puesto que, en el largo plazo esto se traduce en una amenaza para la sostenibilidad de la prestación de los servicios y producción de bienes.