Tardí­a respuesta podrí­a dar lugar a disturbios


La tardí­a e inadecuada respuesta de la junta militar birmana a la catástrofe provocada por el ciclón Nargis, en un contexto de explosión de precios de los alimentos básicos, podrí­a desembocar en nuevos disturbios en este paí­s que en 2007 fue escenario de inéditas y vastas manifestaciones, coinciden expertos.


«La gente con la que he podido hablar, está realmente enojada», destacó Ruth Bradley Jones de la embajada británica en Rangún, principal ciudad de Birmania durante golpeada por el ciclón el pasado fin de semana que según un balance oficial provisional causó al menos 22 mil muertos y 41 mil desaparecidos.

«Existe el sentimiento de que las autoridades podrí­an haber hecho más y antes e inmediatamente después del ciclón para prevenir la amplitud de los daños en Rangún, y ayudar a las operaciones de desescombro», explicó.

El descontento general podrí­a agravarse en el seno de una población ya limitada a lo mí­nimo y que vive bajo el poder despótico de sucesivas juntas militares desde 1962.

«La población deberá luchar para sobrevivir, pero pienso que (…) se puede prever un aumento de la cólera», estimó Sean Turnell, experto de Birmania en la universidad australiana de Macquarie, antes de asegurar que los rumores son insistentes sobre manifestaciones de protesta contra la subida de precios.

Después de que los precios se hayan triplicado, se vieron interminables filas de espera en las estaciones de servicio y en las tiendas, precisó.

En septiembre de 2007, monjes budistas lideraron las mayores manifestaciones contra el poder en Birmania en casi 20 años. Esas protestas, inicialmente provocadas por una subida de precios de los combustibles, fue duramente reprimida por la junta militar.

En esos incidentes, 31 personas murieron, según un balance la ONU y unas 3 mil fueron detenidas.

«(Nuevos disturbios) son posibles realmente. En particular porque el régimen ya no dispone de ninguna benevolencia tras los incidentes del año pasado», consideró Turnell.

En enero pasado, en un intento por calmar a la población, los generales decidieron congelar los precios de los combustibles pero en realidad, redujeron el abastecimiento.

Como si fuera poco, el mortí­fero ciclón del pasado fin de semana, devastó el sur de Birmania e inundó los principales arrozales del paí­s. Y ello podrí­a amenazar las exportaciones que en principio deben compensar la penuria que afecta a otros paí­ses de Asia como Sri Lanka y Bangladesh.

La amenaza de que Birmania no pueda alimentar a su propia población es real pues el delta meridional de Irrawaddy abastece una parte del resto del paí­s.

Según Win Min, analista birmano refugiado en Tailandia, la decisión de mantener cueste lo que cueste la celebración del referéndum constitucional para el 10 de mayo, es decir el sábado próximo, juega en contra de los militares.

«Si la ayuda no llega de aquí­ a una semana o diez dí­as, o si es distribuida de forma ineficaz, la gente podrí­a actuar, pues no tienen nada más que perder», opinó.

Bradley Jones considera que la junta, que aceptó ayer recibir la ayuda internacional aunque bajo ciertas condiciones, ha empezado a medir la amplitud de la catástrofe y está mostrando señales de que está presente en el terreno.

«En función de la forma en que esa ayuda siga manifestándose y de lo que ocurra la semana próxima, la ira de la gente podrí­a subir y desembocar en desórdenes civiles. Pero por ahora, no es el caso. El impacto del ciclón es muy reciente», afirmó.