También les van a volar leño


Uno de los aspectos que con más interés siguen en el sector empresarial son las periódicas calificaciones que emiten las certificadoras de riesgo para la inversión en estos paí­ses y generalmente se muestra un gran aprecio y respeto por lo que digan empresas como Standard Poors y Fitch Ratings. Pero creo que ambas se metieron en un berenjenal de todos los diablos porque decidieron que parte de la calificación de riesgo tiene que ver con la cuestión fiscal, ya no sólo en cuanto a la certeza de las normas tributarias, sino también en cuanto a los í­ndices de tributación en relación al Producto Interno Bruto y señalaron que es preciso elevar la carga impositiva mediante una reforma tributaria de fondo que evite la necesidad de decretar cada poco impuestos extraordinarios y temporales.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Conociendo a nuestra gente, puedo decir que si Standard Poors y Fitch Ratings hubieran limitado su opinión a criticar los impuestos extraordinarios y temporales, hubieran sido amplia y unánimemente aplaudidos en el sector empresarial del paí­s, pero cuando se extendieron para opinar sobre la baja tasa impositiva y, peor aún, sobre la inequidad existente en el paí­s que ellos ven como resultado y consecuencia de las deficiencias de nuestro sistema tributario, se tienen que haber ganado la antipatí­a de mucha gente porque abordar esos temas en Guatemala es poco menos que pecado.

Se trata de una cuestión histórica que tiene marca de fábrica en el caso de nuestro paí­s. No olvidemos que la independencia nuestra fue decidida por los criollos que en 1821 vieron venir no sólo la avalancha de un movimiento popular que podrí­a rebasarlos y quitarles sus privilegios, sino que estaban hartos de pagar «altos» impuestos a la Corona de España y por esa razón decidieron que habí­a que ponerse de acuerdo con el Capitán General para declarar la independencia sin sobresaltos de ninguna naturaleza. En otras palabras, nuestro origen como Nación tiene mucho que ver con preservar privilegios para una pequeña porción de los habitantes que, además, se han opuesto desde siempre a pagar impuestos en proporción con sus ingresos y capacidad de pago.

Cuando los gobiernos de Europa y aun los enviados de Estados Unidos han abordado el tema de los impuestos, se protesta diciendo que es una intolerable intromisión extranjera en los asuntos de Guatemala. Si es con Europa, se agrega que se trata de opiniones de gobiernos de corte socialista que desconocen nuestra realidad, sobre todo ahora que los enemigos de los impuestos ya no actúan de manera instintiva, sino que encontraron «fundamentos ideológicos» para dar ropaje al argumento que sostiene que el impuesto es un despojo que se hace al empresario y al que ha logrado acumular alguna riqueza.

Ahora será importante ver qué dicen sobre las certificadoras de riesgo porque con ellas sí­ que no podrán usar los viejos y trillados estribillos que aprendieron en las aulas de alguna universidad. Por el contrario, tendrán que medir sus palabras para no ganarse en reciprocidad la antipatí­a de quienes periódicamente emiten sus informes a los inversionistas y nos pueden dejar muy mal parados si llegan a darse cuenta que tenemos un grupo muy retrógrado al frente de los poderes que toman decisiones importantes y trascendentes para la vida del paí­s.