El gobierno del presidente Hamid Karzai no ha conseguido convencer a los talibanes que se instalen en la mesa de negociaciones en Afganistán, según confió el senador Arsalan Rahmani, uno de los principales intermediarios entre las partes.
«Es difícil convencerlos de que vengan a negociar», después de ocho años de guerra durante los cuales «nunca ha habido contexto favorable para las discusiones», lamentó el parlamentario, que mantiene contactos regulares con los rebeldes islamistas.
Junto al senador, en el salón de su casa en la capital afgana, el ex canciller de la universidad de Kabul bajo el régimen talibán (1996-2001), Pir Mohammad Rohani, parece estar de acuerdo.
Rahmani duda que pueda haber pronto un acuerdo con los talibanes más «moderados», como lo desea Karzai y una parte de la comunidad internacional, con tal que los combatientes tomen sus distancias con Al-Qaida.
Por el momento, explicó el parlamentario, «no tenemos contactos directos entre las dos partes sino más bien encuentros en el terreno y a partir de allí hacemos llegar los mensajes» a la «taliban rahbari choura», el gran consejo de jefes dirigido por el comandante supremo, el mulá Omar.
«Desde hace dos años, Karzai trata de hablar con los talibanes, es el que está más dispuesto» a escuchar sus demandas, «porque es un pachtún» y porque es originario de la región de Kandahar (sur) cuna del movimiento talibán, estimó Rahmani.
El presidente saliente encabeza con amplio margen y con un 54,6% de preferencias en los resultados de la elección presidencial del 20 de agosto, pero su reelección no puede ser proclamada antes de los resultados de las investigaciones sobre fraudes que podrían obligarlo a una segunda vuelta.
En cualquier caso, recordó el senador Rahmani, los talibanes siempre han exigido la salida de las tropas extranjeras antes de prever iniciar las negociaciones.
Para el parlamentario, el problema debería abordarse en sentido inverso: «hay que negociar con los talibanes y llegar a la paz. Sólo luego de esto podrán partir las tropas extranjeras, sino habra problemas».
Por otra parte, incluso si las conversaciones sobre puntos particulares fuesen posibles en el intermedio, inevitablemente los insurgentes podrían en el tapete «la suerte de los prisioneros de Bagram», es decir su liberación de la gran base militar estadounidense en los suburbios de Kabul.
Las condiciones de detención en Bagram han sido denunciadas por el gobierno afgano como por numerosas organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos, que estiman que hay allí cientos de afganos sin ni siquiera haber sido juzgados.
«Los occidentales no comprenden lo que representa Bagram para los afganos. Miles de ellos han estado detenidos durante meses, incluso durante años, sin acusación y después liberados sin ni siquiera una excusa», comentó Mariam Abou Zahab, investigadora del Centro de estudios e investigaciones internacionales (CERI), con sede en París.
Por último, según Rahmanihay otra exigencia que sería planteada: «la garantía de una protección para todos los opositores, no sólo los talibanes», en caso de un retorno a la vida «civil», y esto «bajo control internacional».