No cabe duda que Taiwán, República de China, se ha ido vertiginosamente para arriba porque sus gobernantes y, virtualmente, los 23 millones de gobernados son realmente patriotas, visionarios, dinámicos, muy inteligentes, y por eso van siempre hacia delante con mucho esfuerzo y de salto en salto.
El 12 de enero retropróximo hubo elecciones legislativas en ese admirable pequeño gigante del sudeste asiático. El Partido Democrático Progresista, que es el que se halla en el poder sufrió tremenda derrota como en ninguna de las justas cívicas anteriores, efectuadas desde su fundación.
Fue el Partido Nacionalista de China (o Kuomintang) el que conquistó en buena lid una victoria aplastante. Obtuvo 133 escaños en el «Yuan Legislativo», o sea, como diríamos los guatemaltecos, el Congreso de la República.
La Legislatura de la República de China (Taiwán) tiene o tenía más o menos la misma cantidad de diputados que el Congreso de este patio centroamericano, a pesar de que la población (de Taiwán) es la que mencionamos en el párrafo inicial (de 23 millones). No obstante, los taiwaneses, en su gran mayoría, decidieron reducir a la mitad las diputaciones.
Que tomen nota y echen pan en el matate los 158 ocupantes de las curules del caserón de la 9ª. avenida, todos los demás empingorotados funcionarios del Gobierno, así como la ciudadanía en general.
Parece ser que ya existe un propósito de reducir aquí el número de «legisladores». Habría que mandar a volar a los que sólo van a politiquear, a dormitar y a percibir sueldo, dietas, viáticos (en los «tours») y a disfrutar de ciertas granjerías, pues constituyen una pesada, muy pesada carga para el pueblo que les sirve de soporte por razón de los impuestos que paga y por ser muy aguantador…
Como que el timonel de la nave y su alter ego estrenados el 14 de enero; el doctor Eduardo Meyer, actual presidente del Parlamento (entre otros diputados sensatos y capaces), así como algunos grupos políticos han de estar interpretando el sentir popular para estar de acuerdo, según se ha dicho, en la reducción del número de legisladores, si es que legisladores debemos llamarlos indiscriminadamente a todos.
Bastarían dos diputados por cada departamento de la República: un titular y un suplente, o dos titulares y un suplente, ¡no más!!!.
¿Qué dice la gente que está hoy por hoy en las cimas del poder público? Y ¿qué dice también el paciente Juan Pueblo?
Pero ya dejamos muy atrás el tema político-electoral de la República de China, y ahora deberíamos hacer un expresivo parangón respecto de lo que ocurre allá y de lo que acontece aquí en cuanto a los organismos legislativos, pero, lamentablemente, por razón del espacio de que disponemos, únicamente deseamos que el lector recurra a la lógica para sacar sus propias conclusiones.
Diremos, para finalizar, que allá, en Taiwán, se toman decisiones nacionalistas, patrióticas; en cambio aquí las cosas se tratan o deciden a la mejor conveniencia de intereses sectarios, personales y/o bastardos. Por eso estamos como estamos… ¿No es así, estimados y estimadas compatriotas?