Taiwán fortalece sus relaciones internacionales


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Todas las naciones del mundo anhelan y necesitan una convivencia de amistad, de cooperación y de ayuda mutua en el sentido lato de la palabra, con el fin de lograr positivos avances en los diferentes aspectos de su vida.

Marco Tulio Trejo Paiz


De no ser así, los países estarían como condenados al estancamiento y, además, al aislamiento.

Las buenas relaciones entre los estados constituyen un factor importante para ir hacia adelante en el anchuroso camino del progreso, mayormente cuando se trabaja con ímprobo y constante esfuerzo por una paz firme y duradera.

La República de China, con asiento en Taiwán, desde su fundación a principios del siglo XX, pero sobre todo cuando dejó el suelo continental a mediados de la misma centuria, ha sido objeto de agresiones esporádicas y de amenazas de invasión; pero, a pesar de esa situación, ha podido alcanzar vigoroso y creciente desarrollo que la han colocado, a escala mundial, entre las naciones más avanzadas. Por algo antonomásticamente le llaman el Pequeño Gigante del sudeste asiático.

La situación de Taiwán y de China Continental, dominada ésta por el comunismo, ha sido de gran tensión. En el Estrecho se ha estado a punto de producirse una confrontación que podría causar espantosa destrucción y muerte en ambos lados.

La opinión pública de la mayoría de las naciones del mundo está porque impere la paz firme y duradera entre David y Goliat, o sea entre las dos Chinas, pero el coloso de tierra firme reiterada y testarudamente se ha venido negando a reconocer como Estado libre, soberano e independiente a Taiwán, y recalca que es una provincia rebelde, lo que significa que la intención o propósito de rescatarla por la fuerza bruta está latente.

Los hombres que han gobernado en casi todas las épocas la República de China han tratado de concertar un acuerdo de paz con el régimen pekinés, pero hasta hoy todo se ha concretado a realizar pláticas que, al menos, han valido para detener la peña…

El actual presidente de Taiwán, Ma Ying-jeou, desde que ejerció el poder durante el primer período constitucional a partir de 2008, ha incluido en su agenda con carácter de primerísima prioridad, el diferendo con la China Continental y, a estas fechas, según parece, las conversaciones están dando buenos resultados que pueden estar apuntando a un pacto de paz y de reconocimiento de los legítimos derechos de Taiwán como Estado independiente.

Los ojos del mundo están puestos en China Libre y en la China a la que introdujo en el aro del comunismo Mao Tse-tung.

Aparte de estar en pláticas pacifistas y de solucionar de una vez por todas el caso de Taiwán, República de China, el presidente Ma Ying-jeou está dando los pasos pertinentes para fortalecer los lazos con Japón, Estados Unidos y, desde luego, con China Continental, lo cual conforma una de las principales metas de su política exterior.

Las tres potencias representan las economías más grandes del mundo. Han mantenido estrechos lazos con Taiwán, como enfatizó en significativo discurso el presidente Ma, que ha considerado que las buenas relaciones con ellas son muy importantes porque tienen qué ver con la seguridad, la prosperidad y la estabilidad de la nación.

Es ejemplar el arduo y meritorio esfuerzo que hace el gobierno de Taiwán por convertir en feliz realidad lo que se proyecta al interés de los más de 23 millones de habitantes de esa nación isleña.

Cabe decir que ese pueblo tiene un gran concepto del trabajo de Estado que caracteriza a quienes ejercen el gobierno; es un pueblo nacionalista por excelencia y se opone decididamente a que recupere el pequeño-gran país la China Continental, pues con fundada razón se teme que viviría como aprisionado soportando ignominiosas y toscas cadenas de opresión, aunque, por influjo de las circunstancias universales, la China poco a poco ha venido abriendo puertas a Occidente e instilando limitada libertad que puede estar suscitando algunos respiros de alivio entre la masa popular. Incluso ha estado aflojando el régimen dictatorial, obligada por lo que puede ser considerado, en parte, una consecuencia de fracaso…

Numerosas empresas transnacionales, muy poderosas, han sentado sus reales en el coloso continental aprovechando el goteo de apertura hacia el oeste. Taiwán no se ha quedado en actitud contemplativa, ya que también ha invertido buenas millonadas de yenes o dólares empresarialmente para explotar su enorme y variada producción.