Surrealismo constitucional en época de reforma


Oscar-Clemente-Marroquin

Recibí en estos días un obsequio del licenciado Arturo Martínez Gálvez, quien tuvo a bien enviarme su libro “Derecho Constitucional y Justicia Constitucional”, publicado en el año 2010 pero que cobra más importancia ahora que estamos viviendo esos vientos de reforma que promueve el Ejecutivo para cambiar la Constitución Política de la República de Guatemala bajo el pobre argumento de que ya ha pasado mucho tiempo sin que le hagamos ningún cambio.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Me llama la atención el argumento de don Arturo en el sentido de que aquí tenemos realmente un surrealismo constitucional porque nunca nos hemos preocupado, ni gobernantes ni gobernados, por cumplir con nuestras constituciones que terminan siendo un compendio de buenas intenciones que se quedan en los anaqueles como reflejo de insatisfechas aspiraciones que nunca llegaron a convertirse, en la práctica, en el pacto social que requerimos.
 
 De entrada el jurista dice, y con mucha razón, que los poderes paralelos tienen secuestrada la democracia y, consecuentemente, el orden constitucional en nuestro país y por ello habla de ese surrealismo constitucional que tanto me llamó la atención. Efectivamente somos víctimas de ese fenómeno que lejos de ser enfrentado por la sociedad, se acrecienta más con cada proceso electoral en el que la participación de esos poderes paralelos para decidir el futuro de la administración pública es más fuerte y decisiva porque cada vez cuenta menos el peso de la organización popular, de la expresión libre de los ciudadanos mediante el sufragio, porque lo determinante es el dinero que se invierte en las campañas para asegurar esos resultados.
 
 Don Arturo hace un recuento de nuestra historia constitucional con datos interesantes y al hablar de la actual Constitución pone mucho énfasis en la reforma que se hizo a espaldas de la población durante el gobierno de Ramiro de León Carpio y que fuera ratificada por una raquítica participación de ciudadanos a la que se puso en la disyuntiva de todo o nada, engatusándolos con una cacareada depuración de los poderes del Estado, especialmente el Congreso y la Corte Suprema de Justicia, pero aprovechando el momento para meter una serie de goles que los ciudadanos ni advirtieron, dando luz verde a la maniobra de unos pocos letrados que metieron gustosamente la mano en nuestra Constitución, haciéndole perder unidad y sentido.
 
 Cuando don Arturo habla de reformas pendientes, se refiere concretamente a la que estaba en el candelero cuando publicó su obra, es decir, a la iniciativa del Muso Ayau que al final de cuentas no pasó del primer hervor en la Comisión de legislación y puntos constitucionales en el Congreso de la República. Bueno sería que ahora ampliara parte de su análisis a la luz de lo que está ocurriendo y de los planteamientos que hace el gobierno de Pérez Molina porque hace falta el criterio de juristas para desmenuzar este nuevo chapuz que tiene mucho parecido con lo que se hizo en tiempos de Ramiro. También ahora le ponen unos cuantos dulcitos a la opinión pública para engatusarla y para envolver los verdaderos motivos de la reforma.
 Hubiera querido citar algunas de las partes de la obra del abogado Arturo Martínez Gálvez pero hay una draconiana advertencia sobre los derechos de autor. Dice que no sólo no está permitida la reproducción total o parcial de ese libro sino que también cualquier “tratamiento informático” del mismo. Y eso me hizo recordar lo que ponía mi abuelo al pie de sus libros, en donde se podía leer algo así como “No me reservo derechos de ninguna clase. Lo que escribo es para que se lea.”
 En  todo caso, don Arturo está invitado a publicar aquí cualquier aporte que desee hacer para enriquecer el acervo sobre derecho constitucional de nuestra gente.