Tres semanas después del paso del ciclón Nargis por Birmania, aldeanos de las zonas más devastadas del país afirman que todavía no recibieron ni alimentos ni otro tipo de ayuda humanitaria del gobierno.
«El gobierno no nos ha traído nada todavía», afirma Piniya Wentha, un monje que malvive en la aldea de Kaunt Chaung, en una de las zonas más remotras del sur de Birmania.
Tampoco llegaron las organizaciones humanitarias internacionales al lugar, afirma, al que sólo se puede acceder por barca.
«La única comida que recibimos viene de voluntarios individuales», afirma.
«Nuestras reservas de grano se esfumaron, las vacas y búfalos están muertos y vamos a perdernos la próxima cosecha de arroz», se lamenta.
La mayor parte de la aldea fue destruida por el ciclón y su monasterio está en ruinas.
El diario oficial New Light of Myanmar, controlado por la junta militar birmana, en el poder desde 1962, ha negado en numerosas ocasiones las informaciones relativas a supervivientes desesperados, sin comida, agua potable, refugio o atención médica desde que el ciclón Nargis arrasó el suroeste del país el 2 y 3 de mayo, causando 133 mil muertos y desaparecidos.
Las informaciones sobre una gestión inadecuada de la ayuda humanitaria son «rumores creados por algunos países occidentales y por traidores nacionales (…) que están mostrando una actitud negativa hacia nuestro país y nuestro pueblo», afirmó a principios de este semana.
Sin embargo, muchas personas siguen sin recibir asistencia gubernamental.
«Tenemos suficiente arroz para un mes porque la gente nos está abasteciendo. Pero ¿qué pasará el mes próximo?», se lamenta Khaung Kyaw Mim Htet, un monje de la aldea de Denongho.
«La gente necesita lonas, sal, aceite, mosquiteras y medicamentos, en especial los niños», agrega.
Pese a que la junta birmana ha dicho en repetidas ocasiones que puede gestionar sóla las operaciones humanitarias, en Kaunt Chaung no hay ninguna señal de la ayuda gubernamental.
La escasa ayuda de emergencia que llega lo hace en pequeñas barcazas de madera en las que los propios habitantes recorren el río Pyapon distribuyendo paquetes de fideos y galletas.
En algunos lugares, las barcas no pueden acercarse suficientemente a la orilla y los habitantes hambrientos saltan al agua para ir a buscar los paquetes de ayuda que arrojan a su paso.
Muchos aldeanos afirman dudar todavía ante la posibilidad de pescar en los canales enfangados.
«Tenemos que esperar a que estén más limpios», afirma un hombre que no quiere revelar su nombre. «Todavía hay muchos cadáveres en el río», recuerda.
La junta ha cerrado el delta del Irrawaddy al mundo exterior, pese a que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tenía previsto sobrevolar hoy partes de esta región durante su visita al país.