El 14 de noviembre de 2007, en Prensa Libre, salió el reportaje acerca de la Auditoría Social, 2007 de la Gran Campaña Nacional por la Educación, hecha por ASIES. En una parte del reportaje dice «Asignar a los supervisores un mínimo de visitas al año a cada escuela y verificar que efectúen dicha tarea».
Este párrafo me indica dos cosas muy específicas. Una, es que no hay una supervisión sistemática ni sistémica a las escuelas públicas y probablemente a los colegios privados tampoco. Dos, es que si no hay una inspección autoritaria encima de los supervisores, no hacen el trabajo para el que han sido contratados. La supervisión escolar de parte del Mineduc en los últimos cuarenta años que yo conozco, ha funcionado como una «supervisión administrativa». Eso es que el supervisor llega al establecimiento escolar, público o privado, para ver si los cuadros oficiales del Mineduc, contienen los nombres de los alumnos, las calificaciones, los nombres y las firmas de los maestros y del director, en los lugares correctos. Recibe la documentación adicional como las hojas de evaluación del maestro, firmadas por el director y para dejar constancia de su visita, levanta un acta constatando una serie de cosas que aguanta el papel. En estos 40 años de vivir en el sistema educativo guatemalteco, han sido raras las ocasiones pero sí se han dado, en las que un supervisor haya extendido su visita a profundizar de la metodología basada en una planificación que demuestre lo que habría que utilizar para lograr la participación activa, interactiva y participativa de los niños y jóvenes, asegurando que ese contenido incluya elementos de formación y que fuera multi-sensorial e integradora de otros temas.
La supervisión a la que al principio me referí y que aparentemente sigue vigente según la sugerencia (de ASIES), es únicamente administrativa. Ella y la actitud que proyecta, vienen del modelo operativo de una fábrica, filosofía educativa del siglo pasado. Sugiero que hagamos una reflexión sobre la base de Cí“MO VEMOS AL SER HUMANO. Podemos verlo como una parte de una línea de producción de una fábrica donde hay que estar encima para que se haga la función indicada, que de no hacerse merecerá un castigo, saldrá mal evaluado de acuerdo a las pruebas estandarizadas y el producto no será satisfactorio. Otra visión es ver al ser humano como una persona, con su propio valor, iniciativa y responsabilidad y quien realmente hará lo necesario para cumplir con su misión de maestro en beneficio de sus niños y jóvenes.
Opto por lo segundo. Eso requiere cambios no sólo de actitud sino de estructura también.
El ser humano quiere «pertenecer» no solamente estar en una agrupación como la magisterial. Eso significa que debe darse una INTERRELACIí“N profesional de seres humanos que quieren crecer y desarrollarse en su profesión y que desean ser reconocidos por su participación en el mejoramiento de la actuación educativa en el aula, sin miedos ni temores.
Creo que hay que re-pensar el papel del supervisor tal y como lo conocemos hoy día. Tiene que haber una instancia, Supervisor o Director, como quieran llamarlo, que está capacitado para APOYAR Y AYUDAR a cada maestro, en su escuela, en forma constante. Esa persona ha de DEMOSTRAR cómo se aplican nuevas técnicas y métodos durante todo el proceso, desde la planificación hasta la evaluación continua, sin miedo y sin temor a los cambios y a lo desconocido. Tal cosa se llama COOPERACIí“N en el proceso educativo. Es buscar lo bueno y crecer sobre esa base; es mantener un seguimiento natural a esa ayuda y a ese apoyo.
Sí, es un cambio de actitud sobre lo que significa la palabra SUPERVISIí“N; es una nueva estructura también y es urgente para contar con mayores posibilidades reales de lograr la EXCELENCIA EDUCATIVA que todos buscamos.
Señores: No hay que temer al cambio, hay que hacerlo.