No soy asiduo televidente, menos de la llamada televisión abierta. Pero para intentar enterarme de los acontecimientos más recientes, a sabiendas de que algunos noticiarios ocultan sucesos de importancia, por lo menos y cuando el tiempo lo permite escucho los titulares de las noticias que los editores de esos medios consideran como tales.
  El mediodía del jueves encendí el aparato receptor de la TV, para encontrarme fortuitamente con el rostro angustiado y las vacilantes palabras del Ministro de Relaciones Exteriores, el «socialdemócrata» Haroldo Rodas, intentado defender con fraseología hueca e incoherente, la decisión de la Cancillería en el caso de la fallida extradición del ex ministro de Gobernación Carlos Vielmann.
  Al oír sus vagas explicaciones murmuré: «Â¡Y este aprensivo señor nos quiere ver cara de pendejos a los guatemaltecos, o de plano ya perdió la noción de la realidad!». Es que el cohibido jefe de la diplomacia chapina pretendía hacer creer a televidentes y lectores de diarios impresos que coincidentemente, justo en el momento en que la embajada de Guatemala en España se disponía a hacer entrega de la documentación que supuestamente contenía la solicitud de extradición del empresario Vielmann, en ese instante, también, recibía la notificación de la invicta, infausta y ambivalente Corte de Constitucionalidad informando que había resuelto amparar provisionalmente al titular de la cartera de Gobernación del presidente Berger, y por eso el Canciller se había comunicado al chile con la representación diplomática guatemalteca en Madrid, cabalito cuando se agotaba el tiempo fijado por las autoridades judiciales españolas para proceder a liberar o mantener cautivo al ex ministro de Interior.
  Más tarde, al recibir el ejemplar de La Hora de ese día leí parte de las declaraciones del sigiloso Comisionado de la CICIG, el costarricense Francisco Dall´Anese, quien finalmente se atrevió a decir -y por medio de un comunicado de prensa, para no ser grosero y frontal- lo que está ocurriendo en los ámbitos políticos, empresariales, gubernamentales y judiciales de Guatemala: es un país podrido por la impunidad y manejado por poderes ocultos, aunque no lo dijo en esas palabras, por supuesto, porque él es sumamente respetuoso de la soberanía nacional, aunque haya sido enviado por la ONU a corregir lo que parece incorregible.
  Para mantenerse cauteloso, el señor Dall´Anese impersonalmente señaló en un comunicado a la Prensa: «La Cancillería Guatemalteca retuvo sin razón alguna los papeles durante 14 días y no los enviaron a Madrid. Y el viernes la Corte de Constitucionalidad (¡vaya, apareció el peine!), sin motivación alguna, sin razonar una línea en su sentencia, resolvió suspender provisionalmente la solicitud de extradición».
  Provoca ira, náusea y repugnancia la supuesta (hay que prever eventual demanda) confabulación del titular del Ministerio de Relaciones Exteriores con los excelsos magistrados de la CC.
  Y usted, Don Francisco, olvídese de Costa Rica. Está en Guatemala. Por ser tan circunspecto se le están subiendo a la barba los más mañosos que haya encontrado en su vida y está perdiendo el apoyo de quienes creemos que necesitamos de la CICIG para salir del estiércol en que estamos sumergidos.
  (El embajador Romualdo Tishudo, al referirse a un calificado Canciller, cita a sir Winston Churchill: -El diplomático es una persona que primero piensa dos veces y finalmente no dice nada).