La crisis que atraviesa la Usac no es superficial. No es obra y gracia de estudiantes agrupados en EPA quienes decidieron cerrar las puertas de acceso al campus central como mecanismo para lograr ser escuchados.
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La problemática que la universidad enfrenta pasa por un sinfín de temas, siendo los más graves la corrupción e impunidad, pasando por la nada transparente y dudosa campaña electoral del reelecto rector y la actual AEU, hasta las probabilidades de someter la Ley Orgánica a conocimiento del Congreso de la República, para ser antojadizamente revisada y/o modificada.
En antaño, fueron las generaciones de estudiantes quienes emprendieron procesos contra vejámenes similares, porque se sentían plenamente identificadas y representadas con el movimiento, reivindicaban sus ideales y se sumaban a las grandes demandas nacionales y populares, conformando un solo frente de lucha.
Cientos fueron víctimas de la más cruda represión nunca antes vista sobre la universidad estatal, a manos de los cuerpos de seguridad del Estado. Una generación completa de profesionales e intelectuales fue completamente exterminada.
Hoy, para la mayor parte de estudiantes es mejor apartarse de «clavos» y quedar al margen de procesos trascendentales. El espíritu de indiferencia impera por todos lados.
No obstante, el compromiso generacional, nuestra obligación histórica nos coloca en un punto clave, donde la misma comunidad estudiantil, desde sus propias concepciones de vida y dinámicas, es la llamada a participar en la construcción de una Usac diferente, con una verdadera educación superior de calidad, en todos los sentidos.
«El que es estudiante universitario tiene una obligación de ser un factor dinámico del proceso de cambio, pero sin perder los perfiles, también, de la realidad», dijo en 1,972, Salvador Allende, presidente de Chile, frente a una multitud de estudiantes mexicanos.
La tarea de EPA, como movimiento emergente, es determinante. Es urgente que en los próximos pasos a seguir, tomen en cuenta que es necesario empatar las acciones que ahora realizan, con otras legales y legítimas que permitan articular el tema de reformas estructurales, de largo plazo y necesarias para la universidad, con las necesidades inmediatas del estudiantado en general que aún no se involucra.
Es seguro que sumando fuerzas, el bombardeo mediático que autoridades universitarias y oscuros sectores buscan mantener, alejando la atención de los verdaderos problemas que necesitan tratamiento impostergable en la Usac, sufrirá una dura derrota.