Subsidio, por los siglos de los siglos


Este año, el gobierno del presidente Colom cuestionó el subsidio al transporte y dijo que tení­an que buscarse nuevas fórmulas para evitar el despilfarro de un recurso que se entrega a los transportistas sin control ni rendimiento. Bajo presión y las amenazas de los dueños de buses, decidieron que prorrogarí­an por unos meses la entrega de millones, en tanto se realizaban estudios para implementar mecanismos como el prepago u otros que permitieran mejorar el servicio en el mediano y largo plazo.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Hoy, sin presión de nadie y simplemente en un reconocimiento de la incapacidad que tuvo el Ministerio de Comunicaciones para hacer algo al respecto, se ha anunciado cí­nicamente que el subsidio será prorrogado para mantener el precio del pasaje y evitar así­ problemas sociales. La comunicación oficial dice que la prórroga es por lo que falta del año, dando a entender que en el mes de enero tendrí­amos ya una solución diferente.

Sin embargo, todo apunta a que estamos frente a un pago de deuda polí­tica importante como se denunció meses atrás, puesto que los transportistas fueron contribuyentes de la campaña de Colom y eso explicarí­a esa liberalidad de un gobierno que se mantiene a tres menos cuartillo para ser magnánimo en la entrega de los dineros del pueblo a quienes durante décadas enteras han gozado del privilegio de un subsidio que se reparten como les da la gana, sin control alguno, no digamos la obligación de tener que mejorar el servicio.

Yo pienso que el problema de transporte en el área metropolitana rebasó por completo la capacidad del Municipio que no pudo ni supo cómo manejar ese problema en las últimas dos décadas, dejando que fuera creciendo una bola de ineficiencia. Hoy en dí­a es el gobierno central el que tiene que asumir como problema de Estado la solución del transporte colectivo en la más congestionada región del paí­s y donde se concentran casi tres millones de personas, la mayorí­a de las cuales requiere del transporte público. Pero la postura de seguir regalando millones a quienes pomposamente se definen como «empresarios» del transporte sin ser más que un grupo oportunista que a la propiedad de uno o varios buses le saca una raja increí­ble, es totalmente equivocada y contraria a los intereses del paí­s.

No creo que el Ministerio de Comunicaciones haya movido un dedo para buscar soluciones alternativas al subsidio porque de antemano se notaba el compromiso con los transportistas y el interés por beneficiarlos a sabiendas de que este pueblo aguanta con todo y se traga cualquiera patraña. Hoy mismo vemos que ante una noticia tan seria como la decisión de mantener el oneroso y corrupto subsidio, nadie dice nada, nadie alega porque, al fin de cuentas, «vale más la paz social» y por ello es mejor seguir entreteniendo la nigua.

Y preparémonos para que el subsidio siga por los siglos de los siglos porque Guatemala no es paí­s de soluciones de largo plazo y de gran envergadura. Salvo cuando hay negocios de por medio y los millones de mordida sirven para «interesar» a funcionarios. Si de repente aparece una empresa con una propuesta de concesión por varias décadas, veremos cuán rápido se interesan nuestros funcionarios, sea para resolver el problema del transporte o el del agua potable que son dos temas crí­ticos en la vida nacional. Tristemente, el poder se mueve siempre alrededor de esos mezquinos intereses.