Sublevación policial en Ecuador deja dos muertos y a un paí­s en vilo


Los periódicos ecuatorianos resaltaron los conflictos surgidos ayer, que casi le cuestan el poder a Rafael Correa, así­ como librarse de ser ví­ctima de vapuleos por parte de las fuerzas policiales. FOTO LA HORA: AFP RODRIGO BUENDIA

La sublevación de policí­as ecuatorianos desatada ayer por una ley que limita sus ingresos dejó al menos dos muertos, tras tener al paí­s en vilo durante una jornada que acabó con el rescate del presidente Rafael Correa del hospital en que estaba retenido por los rebeldes.


Correa cumplí­a hoy actividades en su despacho -según la agenda oficial- después del operativo militar en el que fue liberado y que dejó dos muertos y 37 heridos durante un fuerte tiroteo con policí­as insubordinados.

El ministro de Interior, Gustavo Jalkh, dijo a la prensa que la Policí­a retomaba sus actividades. «Eso es lo que tiene que hacer y con ese trabajo reconciliarse con la sociedad y el paí­s al cual se debe», precisó.

Entretanto, el dimitente comandante de la Policí­a, general Freddy Martí­nez, afirmó que la institución vive en «relativa calma», anotando que ayer «fue un dí­a lamentable, crí­tico, caótico, pues estaba de por medio la seguridad del presidente».

Correa, quien trabajaba en la casa de gobierno rodeada por soldados armados con fusiles, tildó los hechos del jueves como un «intento de golpe de Estado».

El presidente peruano, Alan Garcí­a, manifestó este viernes que su homólogo ecuatoriano «ha quedado vacunado» contra los golpes de Estado y enfatizó que «la democracia y el gobierno elegido por el pueblo han salido incólumes y fortalecidos en Ecuador».

Correa, en el poder desde enero de 2007, recibió el jueves el respaldo de la comunidad internacional, incluyendo a la ONU y la OEA, además de Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y de todos los gobiernos latinoamericanos.

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) condenó la sublevación en una cumbre convocada de urgencia en Buenos Aires, expresando en su declaración final «la necesidad de que los responsables de la asonada golpista sean juzgados y condenados».

Para brindar respaldo al mandatario socialista, que enfrentó la mayor crisis polí­tica en sus casi cuatro años de gestión, el bloque resolvió el viaje de sus cancilleres a Quito, adonde llegarán por la tarde, al igual que el secretario de la OEA, José Miguel Insulza.

Los ministros vendrán a «mostrar la unidad de América del Sur en torno a una posición contra cualquier tipo de golpe de Estado en los paí­ses de la región», informó el vicecanciller ecuatoriano, Kintto Lucas.

«El camino del golpismo que empezó en Honduras no terminó. El fondo de esto es atacar a los gobiernos progresistas y a la democracia en América Latina», declaró a su vez el canciller argentino, Héctor Timerman.

Entretanto, el presidente de la UE, el belga Herman Van Rompuy, expresó que «me tranquiliza ver que se ha restablecido la calma y el orden institucional en Ecuador».

La rebelión incluyó la toma de varios cuarteles en Quito, Guayaquil (oeste) y Cuenca (sur) y de la pista del aeropuerto capitalino en protesta por una ley que recortará beneficios económicos a miembros de las Fuerzas Armadas y la Policí­a, entre otros empleados estatales.

El presidente acudió a un recinto en Quito para hablar con los policí­as, que lo agredieron y planeaban asesinarlo, según dijo.

Correa anunció que destituirá a los policí­as que se rebelaron y que no derogará la ley, la cual fue aprobada el pasado miércoles por el Legislativo controlado por el oficialismo.

Durante su secuestro, el mandatario responsabilizó del intento de golpe de Estado a la oposición y sectores de la fuerza pública afines al ex mandatario Lucio Gutiérrez, derrocado en abril de 2005, quien rechazó la acusación.

Colombia y Perú reabrieron el viernes sus fronteras con Ecuador, que fueron cerradas ante la sublevación. En el caso colombiano, la medida respondió a «un rechazo a una situación que no puede pasar ni en Ecuador ni en cualquier paí­s», apuntó la canciller Marí­a Angela Holguí­n.

UNASUR Reclama juzgar a golpistas


La Cumbre de presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) reclamó hoy en Buenos Aires juzgar y condenar a los responsables de «la asonada golpista» en Ecuador y advirtió que se tomarán duras represalias en caso de otro intento de quiebre institucional.

Los mandatarios «expresan la necesidad de que los responsables de la asonada golpista sean juzgados y condenados», además de «condenar enérgicamente el intento de golpe de Estado y el posterior secuestro del presidente Rafael Correa», según la Declaración de Buenos Aires, leí­da por el canciller argentino Héctor Timerman.

Correa fue recibido el jueves como un héroe por una multitud al salir al balcón del Palacio de Gobierno, tras ser rescatado sano y salvo de un hospital donde policí­as sublevados lo mantuvieron cercado durante unas doce horas, en la peor crisis de su gobierno, iniciada con una demanda económica.

El documento de la alianza suramericana, con aval de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, afirmó que sus gobiernos «rechazan y no tolerarán bajo ningún concepto cualquier nuevo desafí­o al poder civil legí­timamente elegido».

Los paí­ses sureños advirtieron, también, que «en caso de nuevos quiebres del orden constitucional, adoptarán medidas concretas e inmediatas tales como cierres de frontera, suspensión del comercio, del tráfico aéreo y de la provisión de energí­a, servicios y otros suministros».

La Unasur decidió, además, que «sus cancilleres se trasladen (el viernes) a la ciudad de Quito para expresar el pleno respaldo al presidente Correa y al pueblo ecuatoriano, partí­cipe indispensable del pleno restablecimiento de la institucionalidad democrática».

Los presidentes y ministros resolvieron también adoptar en la próxima Cumbre de la Unasur en Guyana, el 26 de noviembre, «un protocolo adicional al tratado constitutivo que establezca la cláusula democrática».

«Podemos celebrar el hecho de que Correa ha sido liberado», dijo la presidenta anfitriona, la argentina Cristina Kirchner, al dejar inauguradas las sesiones de la Cumbre.

La Cumbre sesionó en el aristocrático Palacio San Martí­n, la sede protocolar del servicio exterior frente a la Plaza San Martí­n del centro porteño, ocupada por centenares de manifestantes con banderas y cartelones con las leyendas «No al golpe en Ecuador».

El presidente chileno Sebastián Piñera dijo que lo alegraba la liberación de Correa, pero dijo que los mandatarios «requerimos que se restablezca el orden constitucional, el estado de derecho y la democracia».

El presidente peruano Alan Garcí­a sostuvo a su vez que «si dejamos pasar a los gorilas, el gorilaje se puede imponer en el continente».

Garcí­a dijo que el bloque debe responder «con toda la fuerza necesaria a la intentona golpista» en Ecuador y planteó que «es ahora donde se debe poner a prueba si la Unasur sirve para algo».

La reunión tuvo como participantes, además, a los presidentes de Uruguay, José Mujica; de Bolivia, Evo Morales; de Venezuela, Hugo Chávez y de Colombia, Juan Manuel Santos.

El presidente de Paraguay, Fernando Lugo, estuvo ausente por problemas de salud y tampoco asistió su par de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, debido al cierre de la campaña electoral en su paí­s.

Morales dijo que «defender la democracia en Ecuador es defender la democracia en América latina».

En la memoria de los presidentes de Unasur está aún vivo el trauma por el derrocamiento del ex presidente de Honduras Manuel Zelaya, en un golpe cí­vico-militar en 2009, avasallamiento de la democracia que nunca fue reparado y derivó en una elección que llevó al poder al mandatario Porfirio Lobo.