Su Santidad el Papa Francisco


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Este 19 de marzo en el Estado del Vaticano, ante la presencia de más de 200 mil feligreses, de 130 delegaciones encabezadas por mandatarios, miembros de casas reales y delegaciones de todo el mundo, se realizaron los últimos aspectos formales de la asunción del Papa Francisco, quien tomara su nombre de Francisco de Asís (a quien en un lapsus confundí –en una opinión anterior– con Ignacio de Loyola).

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com


En este último día de ceremonias, al Papa le fue impuesto el Palio de su jerarquía y recibió el anillo del pescador, símbolo de su autoridad universal dentro de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. En su recorrido por la Plaza de San Pedro evidenció nuevamente su humildad y su innata característica de acercamiento para con la grey al detener el vehículo en el que se transportaba para abrazar y besar a niños y a minusválidos.

Su mensaje es importantísimo, en él se evidencia la ternura y la humildad, así como su propósito que la Iglesia Católica se preocupe y proteja a los más pobres y a los olvidados de la humanidad, coincidiendo estas expresiones con su tradicional forma de ser ya evidenciada como obispo y cardenal en Argentina. Quién puede pretender desvirtuar que el Papa Francisco abogará durante su mandato por quienes más necesitan de ese apoyo y estímulo moral y material que las personas que se encuentran en pobreza y en extrema pobreza.

Cuando dice que “el verdadero poder es el servicio”, cuando señala que se deben de utilizar todos los esfuerzos en pro de la humanidad, solo está volviendo a subrayar el principal rol de la Iglesia, de la orden de los jesuitas de donde él proviene; mensaje que amplía al decir que esa tarea atañe a todos los cristianos, a los seres humanos en general, a quienes les corresponde la custodia de toda la creación de la belleza y, como Francisco de Asís, señala que se debe tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en que vivimos.

Enfatiza que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida, que se deben vigilar los sentimientos y el corazón porque es de ahí de donde salen las intenciones buenas y malas, que construyen y destruyen. Insiste en expresar “No debemos de tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”.

Cuán emocionados habrán de haberse sentido los 114 cardenales que lo eligieron y los numerosos cardenales octogenarios cuando en días previos los recibió en la sala Clementina del Vaticano y con un enorme criterio, mirándolos, les dijo: “más de la mitad de nosotros somos ancianos, pero la vejez es la sede de la sabiduría de la vida, donemos esa sabiduría a los jóvenes, como el buen vino que con la edad mejora. Es tiempo de la tranquilidad y la plegaria.

Que importante es que las 130 delegaciones que lo acompañaron y lo honraron el 19 de marzo escuchen y ante todo apliquen en sus respectivos países estos importantísimos conceptos. Ojalá que los numerosos presidentes, miembros de casas reales que asistieron, así como los que no asistieron, comprendan que no hay que hablar de derecha o de izquierda, de populismo o liberalismo, hay que hablar y aplicar el bien y ello implica el servicio a todos los seres humanos, especialmente a los más pobres y más necesitados.

Si en América Latina, donde nació el sumo pontífice, los presidentes, vicepresidentes, alcaldes, concejales, magistrados jueces y también los empresarios, grandes, pequeños y medianos, aplican estas doctrinas sociales nos transformaremos en países de paz, desarrollo y progreso, de lo contrario continuará la pobreza y la injusticia
¡Guatemala es primero!