Fascinador, reflexivo, sereno y elegante, Ramón Banús nos advierte que detrás de su intensa mirada existe una puerta que nos traslada mágicamente hacia la brillantez de su iluminación espontánea. Es decir, hacia el mundo que irradia de su paleta arcoírica y monocroma, múltiple y conjugada con la dinámica constante y la coexistencia de los seres humanos. Su pincel se convierte en viento, fuego, tierra, agua. Demuestra su firmeza en cada detalle pictórico, organizados todos con ingenio e inteligencia. En sus obras de arte dibuja o pinta con destreza, diferentes características y situaciones controversiales de los individuos, presentando sus ideas acerca de la sociedad común y demostrando sus conocimientos acerca de los estados del alma de las muchedumbres. Su mente concibe imágenes extrañas, insólitas y realistas, en sus obras se puede «ver» la mente de cada personaje. Maneja a la perfección los matices en la dualidad humana, lo que me recuerda una de las sentencias más famosas de Lao Tse: «el bien y el mal entremezclados viven». Dentro de sus protagonistas encontramos seres bondadosos, ingenuos, explícitos o suaves, pero igualmente los hay hipócritas, inexorables y bárbaros. En algunos personajes imperan sandeces, crueldades, seducción, codicia, envidia… todo esto en yuxtaposición con el buen juicio, equilibrio, templanza, prudencia y contemplación. Angustia a Ramón Banús que en algunos seres predomine más el lado negativo que el positivo, pero sabe que éste último puede vencer y resurgir porque no olvida que existe la Esperanza. Ramón primordialmente se ha inspirado en la defensa de la justicia, la razón y la verdad, porque él, es un buscador constante de legítimos valores. Cuando pinta, para mí es como si estuviese inventando una pieza de música jazz: concibe el tema principal, luego lo combina con libertad artística y personal, plasmando en el lienzo lo que resulta de su imaginación alrededor del argumento. Su devoción hacia la naturaleza se percibe claramente en sus cuadros, logrando describir con decisión y coraje la esencia de lo que observa. Su concepción de la realidad es asimismo intuitiva, mística y elemental. Renace su pincel como renace el tiempo en nuestras vidas, y deja sus visiones, fantásticas o reales, fijas en el escenario de un clarividente, soñador y profeta. Una de las pinturas que más me ha impresionado de Ramón Banús es la titulada «Las Hormigas» que para mí descubre el acertijo de la existencia misma, el tiempo infinito, la cinta de Moebius, el Alfa-Omega, sin principio ni fin. En este maravilloso cuadro relaciona las partes con el todo, establece el orden total que rige a la naturaleza, convirtiéndose Ramón en el mariscal del ejército griego en la Ilíada de Homero: «El Kosmetore», es decir el que establece el orden, colocando una división entre el ying y el yang o bien entre el trabajo y el descanso. Con mi esposo Carlos-Rafael Pérez Díaz, nos sentimos identificados con Ramón Banús, no solamente en su preocupación por las actitudes de los seres humanos, sino también por su amor a la música. He recibido con entusiasmo su libro «Mesa puesta», muy halagada especialmente por la dedicatoria que gentilmente escribió: «Para Grecia y Carlos por las similitudes en ver la vida y la curiosidad tan fértil.» Como un homenaje a mi amigo Ramón Banús, he escrito el poema titulado «Así» que expresa lo siguiente: «Así nació el pensamiento/ así nació toda esta vida/ la naturaleza que se lleva dentro./ Así nació el instante/ libre/ sin grilletes en las manos/ sin los pies encadenados/ con el velo del rocío/ envolviendo/ al indefenso cuerpo/ con la hiedra/ cubriendo la piel./ Así gestó al humano/ el infinito/ sin castidad/ sin recuerdo/ albedrío absoluto/ al borde del olvido/ así…/ así…/ sin remordimiento.»