Una educación pobre siempre ha sido la mejor herramienta para mantener a un pueblo sometido. Bien lo supieron los grandes dictadores de los siglos XIX y XX -ésos que, incluso, inspiraron grandes novelas- ya que ofrecer una pésima o nula educación, les permitiría mantenerse por largo tiempo en el poder.
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El Gobierno de la Revolución de Juan José Arévalo intentó modificar las reglas del juego. í‰l, al contrario de los dictadores, sabía que sus intenciones no eran permanecer largo tiempo en el poder, por lo que su principal estrategia de Gobierno fue el fortalecimiento de la educación pública. Sin embargo, de esos logros poco o nada se conservan.
Todo eso viene a cuento, tras las lamentables protestas que han estado ocurriendo esta y la semana pasada en el país, protagonizadas por los maestros de otrora llamado programa del Pronade.
El Pronade, claro está, fue una estrategia neoliberal para restar poder central al Ministerio de Educación. El programa fue delegado a las juntas locales de padres, quienes decidían lo que era mejor para sus hijos. Pero esto es como que un ciego guíe a otro ciego, mientras que la cartera educativa -liberada de responsabilidad- se dedicaba a obtener certificaciones de calidad.
En muchas escuelas de Pronade -habrá que decirlo- la experiencia fue buena. No cabe duda que la atención permanente de los padres de familia en la educación de sus hijos, es positiva, pero esto no significa que el Ministerio de Educación no tenga injerencia.
Que la institución reguladora pierda el control estatal de un tema, es lamentable. Y, de esa cuenta, se viene a caer en la situación actual, en que un grupo más o menos organizado de maestros de Pronade «exige» su instalación sin siquiera pasar por el proceso de oposición.
Esto tiene el peligro de ofrecer plazas: a) a quien no lo merece; b) a quien no tiene la calificación adecuada, es decir, a quienes no tienen título de magisterio, y c) de que el Gobierno y el Ministerio encuentren la oportunidad de tener carta blanca en una buena agencia de empleos.
Por supuesto que el Ministerio debe implementar medidas para no dejar en el aire a medio millón de estudiantes que participaban en escuelas del Pronade, pero esto no implica que, de un plumazo, se quieran adjudicar 300 millones para contratar a cualquier persona.
Claro está que, en el tema de la educación, estamos igual que en el de la seguridad, porque aunque queramos contratar más maestros y/o policías, no hay de donde, y tampoco es la idea de poner en esos puestos a cualquiera.
La educación nacional -toda la pública y buena parte de la privada- es un desastre, y mientras no haya políticas claras en este tema, sobre todo que encaminen a una educación integral (que enseñe, no sólo lo básico, sino a progresar como comunidad y como nación), el subdesarrollo del país será un círculo vicioso que no tiene fin.
Es triste ver que los educandos de hoy día están en manos de maestros que están dispuestos a atentar contra aeropuertos y petroleras; ¿qué le puede enseñar un maestro que está dispuesto a saltarse los concursos de oposición? ¿Qué tipo de argumentos puede tener un maestro cuya única medida de presión es quemar una petrolera?
Lo único positivo de este conflicto, es que se puso en duda el malogrado liderazgo de Joviel Acevedo, que, de igual forma, no puede gozar de respeto si él mismo no puede darse a respetar faltando a sus obligaciones como docente.
Los maestros tienen derecho a reclamar, pero, en la forma que lo han hecho, sólo refleja el lamentable estado de la educación nacional. Son como ciegos guiando a otros ciegos.