Sólo para olvidadizos mayores de 50 años


Eduardo_Villatoro

Coincidentemente, dos amigos míos me enviaron el mismo día de esta semana sendos correos que abordan el mismo asunto y que se refiere a determinadas circunstancias que me ocurren y que yo temía que era el principio de una temida enfermedad mental; pero, para mi alivio y al parecer, sólo son simples aunque preocupantes y a veces penosos olvidos y que es propio de quienes hemos superado los 50 años de edad.

Eduardo Villatoro

 


El mensaje cibernético al que me refiero (enviado por Mayra y Atilio) principia así: “Desde hace un tiempo me estaba preocupando porque no recuerdo los nombres propios, a veces no encuentro dónde dejé mis anteojos…”  y  cosas por el estilo; de suerte que –como me ocurría a mí– creía que había comenzado a tener un enemigo en mi cabeza cuyo nombre se inicia con A.
 Sin embargo, ambos amigos me trascriben los pasajes más interesantes de un artículo que leyeron en una revista médica y que comparto con mis contados lectores, la mayoría de los cuales ya rebasó el medio siglo de existencia: “Si uno tiene conciencia de los problemas de memoria es que nos lo tiene. Quejarse sobre fallas de la memoria es un hecho muy frecuente en personas de 50 años de edad para arriba. Se traduce en no poder recordar el nombre propio de un individuo, de entrar a una habitación sin saber qué se iba a buscar, olvidar el título de una película o de una canción, dónde se dejaron las llaves del vehículo o de un mueble.
“En ciertas edades, más de la mitad de los adultos presenta esta dificultad; pero muchas personas (a veces en exceso) se preocupan por estos olvidos, lo cual indica que más que una enfermedad es una característica de la edad, y de ahí una afirmación importante: Quien es consciente de padecer estos olvidos es quien no tiene problemas serios de memoria, puesto que el que padece una enfermedad de la memoria, con el inevitable fantasma del Alzheimer, no tiene registro de lo que efectivamente le pasa, en vista de que presenta Anosognosia, una palabra médica que indica, precisamente, el no darse cuenta de lo que ocurre”
 Un científico o médico a quien mis amigos que enviaron los correos solo identifican con el apellido Dubois, posiblemente francés y profesor de neurología de Chu Pitié-Salpetière, acuñó una paradójica, breve y didáctica explicación válida para la mayoría de los casos de personas preocupadas por sus olvidos: “Cuando más se quejan los sujetos de su memoria, menos probabilidades tienen de sufrir una enfermedad de la memoria”.
En cambio, la Anosognosia significa desconocimiento de una enfermedad que consiste en  la situación patológica referida a los pacientes con problemas neurológicos (cognitivos) que no tienen percepción de sus déficits funcionales neurológicos, cabalmente. La Anosognosia es una negación de la propia patología neurológica, toda vez que el paciente no admite que realmente le ocurre algo, por las repercusiones emocionales que implica, y la causa de este déficit es un daño orgánico que realmente está impidiéndole esta percepción.
 La Anosognosia puede darse en diferentes patologías neurológicas, como el deterioro de las funciones ejecutivas por un daño en el lóbulo frontal; trastornos de la atención, denominada heminegligencia; algunos trastornos de la memoria, como el Síndrome de Korsakoff; ceguera cortical, y afasia de Wernicke.
 En todo caso, lo mejor es consultar al médico.
(El sesentón Romualdo Tishudo recuerda esta humorada del desaparecido trovador Facundo Cabral. –Mi abuelo persiguió a las muchachas hasta los 90 años de edad; pero ya no se acordaba para qué).