Sólo para mis amigos que fuman


 Tengo varios amigos que fuman. Algunos lo hacen ocasionalmente, otros consumen un par de pitillos al dí­a, pero los demás inhalan el humo de decenas de cigarrillos, a sabiendas del daño que les ocasiona ese hábito malsano.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

 A los fumadores con quienes tengo más confianza les he sugerido que por su propio bien dejen de fumar, en vista de las enfermedades que provoca el humo de cigarrillo, puesto que contiene alrededor de 4,700 compuestos quí­micos, de los cuales 43 % tienen efecto cancerí­geno en el ser humano y son causa del 85 % del total de tumores malignos del pulmón y de la muerte de una de cada cuatro personas, entre 34 y 55 años, según datos comprobados por la Organización Mundial de la Salud.

 Como lo señalé en un artí­culo publicado en octubre de 2008, investigaciones de la OMS indican que uno de los efectos poco difundidos del hábito de fumar es su relación con problemas patológicos crónicos que aumentan rápidamente entre la población, como los infartos al miocardio, la enfermedad vascular cerebral y la enfermedad arterial periférica, a causa de que el tabaco contribuye a la lesión en el endotelio vascular, que es la capa de células que revisten los vasos sanguí­neos del cuerpo y donde se inicia la respuesta inflamatoria que da origen a la ateroesclerosis (acumulación de grasas en las paredes de las arterias).

 Además de las preocupaciones naturales que el tabaquismo causa sobre la salud de los pulmones, es determinante mencionar que el riesgo de sufrir complicaciones se cuadruplica en los diabéticos consumidores de tabaco y los diabéticos fumadores pasivos, en comparación con los que no fuman, puesto que el humo del tabaco también puede ocasionar daños a mediano y largos plazos en los vasos sanguí­neos, provocando afecciones cardiovasculares.

 De esa cuenta, aproximadamente 5 mil fumadores mueren anualmente en Guatemala, de tal suerte que no menos de 13 personas están muriendo hoy mismo en diferentes regiones del paí­s por el hábito de fumar, mientras usted lee plácidamente este artí­culo, cuyo objetivo fundamental consiste en intentar llegar a la conciencia y el entendimiento de mis amigos y lectores que fuman, para que hagan el esfuerzo de abandonar el cigarrillo, con lo que no sólo evitarán una muerte prematura, sino que mejorarán su calidad de vida ostensiblemente.

 La ley que prohí­be fumar en sitios públicos cerrados, tales como bares y restaurantes, lugares de trabajo y vehí­culos del transporte colectivo, entre otros sitios más, y que debió haber entrado en vigencia ayer, no es una especie de insensible y fanática arremetida contra los fumadores, sino que es un instrumento legal que contribuirá a descender el número de ví­ctimas fatales de los adictos al tabaco y velará por la salud de quienes no fuman, pero que voluntaria o forzosamente se encuentran cerca de un fumador, con las consecuencias que ello implica.

(Romualdo Tishudo les dice a los que reclaman que en bares, restaurantes y cantinas haya espacios donde se permita fumar: -Es igual como si en las piscinas hubiesen áreas para los cochinos que se orinan dentro de las albercas).