Sólo para los usuarios del correo electrónico


    Si ustedes, paciente lector y tranquila lectora, cuentan con el servicio de Internet, probablemente recibirán numerosos mensajes de toda í­ndole, desde los que los motivan para hacer el bien, hasta los que contienen historias eróticas aderezadas  con sus correspondientes ilustraciones, pasando por correos de personas que se esconden en el anonimato para calumniar, injuriar o denigrar a cualquier polí­tico, sobre todo si disfruta de las mieles del poder, sin dejar por un lado los mensajes que aconsejan beber mucha agua, no tomar sodas, comer frutas hasta el hartazgo y etcétera.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

   Pues bien, aprovechando un corto perí­odo de vacaciones fuera de Guatemala (para cargar energí­as, reposar fuera del ambiente de violencia y disfrutar la compañí­a de mi mujer y dos de nuestros hijos) lo que me impide estar al corriente de lo que sucede en el paí­s, al menos de primera mano, he decidido compartir con ustedes, precisamente, un correo que me envió el odontólogo Rogelio Castillo -uno de los pocos lectores de esta columna- que aborda, cabalmente, asuntos que enfocan muchos de los correos que circulan en la red. De aquí­ en adelante ya no soy yo el responsable de lo que usted leerá.

   Dicen que todos los dí­as tenemos que comer una manzana, por el hierro que contiene;  un banano o plátano, por el potasio; una naranja, que nos ayuda con la vitamina C; medio melón, para mejorar la digestión, y una taza de te verde sin azúcar, para prevenir la diabetes. Todos los dí­as hay que tomar dos litros de agua, auque después le lleve el doble del tiempo para eliminar los residuos lí­quidos.

   Todos los dí­as, también, hay que tomarse un activia o un yogur, para tener «L. Cassel defensis», que sepa Judas qué es, pero, al parecer, si no se toma un millón y medio diariamente, empezará a ver a la gente un tanto borrosa, como si estuviera medio socado. Cada dí­a, asimismo, se debe tomar una aspirina, para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto, con igual objetivo, y otro vaso de vino blanco, a fin de mejorar el sistema nervioso, además de una cerveza, que ya no me acuerdo para qué sirve, salvo que sea para que se ponga a medio palo.. Pero si se toma todo junto, porque más que le dé un derrame, no se preocupe, porque ni cuenta se dará. (De esto debe estar enterado Renhé Leyba y su petate, por si las moscas y los caracoles).

    No debe pasar un solo dí­a sin comer fibra; mucha, muchí­sima fibra, hasta poder defecar un suéter, fuera de que hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas ¡eso sí­!, sin olvidarse de masticar cien veces cada bocado. Después de cada comida, cada fruta, de cada bebida se debe lavar los dientes, así­ que lo mejor es meter una grabadora al baño, porque entre el agua, la fibra y los dientes se va a pasar varias horas ahí­ adentro, pero oyendo su estación preferida.

   Hay que dormir ocho horas y trabajar otras ocho, más las cinco que se emplean en comer, son 21 horas. Quedan tres, siempre que no le surja un imprevisto. Como las estadí­sticas aseveran que vemos tres horas televisión, además que se debe caminar por lo menos media hora, el tiempo se acorta, y eso que debemos cultivar nuestras amistades, fuera de barrer, lavar los trastos, la ropa y dedicarle tiempo a los hijos. Según mis cuentas, cada dí­a tiene 29 horas, bien ajustaditas. Pero para ganar tiempo se pueden hacer varias cosas a la vez, como ducharse con la boca abierta, hacia arriba, para tomar los dos litros de agua diarios.

   También es posible que si usted es varón, salga del baño con el cepillo de dientes en la boca, mientras hace el amor con su mujer, quien, de paso mira su telenovela favorita, y como le queda una mano libre, llame a sus amigos y familiares. Y aquí­ termino porque entre el yogur, los dos vasos de vino, el medio melón, la cerveza, el primer litro de agua y la tercera comida con fibra del dí­a, ya no sé qué estoy escribiendo, pero necesito ir al baño con urgencia.