Solidaridad en la tragedia


Cuando Guatemala sufrió los efectos de desastres naturales, especialmente con los huracanes Mitch y Stan, Cuba reaccionó en forma inmediata enviando ayuda, parte de la cual se ha institucionalizado y se quedó trabajando con nosotros con las brigadas de los médicos que están atendiendo a poblaciones remotas que antaño no tení­an idea siquiera de lo que podí­a ser la atención de profesionales de la salud.


Señalamos particularmente el caso de Cuba porque actualmente los habitantes de esa isla están pasando verdaderos problemas por los estragos de la temporada de huracanes que han golpeado repetidamente a ese paí­s. Pero especialmente grave fue la última tormenta que literalmente atravesó el territorio destruyendo miles de viviendas y buena parte de la planta productiva de Cuba. Los mismos fenómenos afectaron seriamente y con mayor impacto en pérdida de vidas humanas a Haití­ y República Dominicana, paí­ses que también requieren de la cooperación internacional, aunque en su caso no existe un bloqueo o embargo que haga más difí­cil proveerlos de la ayuda.

Por el lado de Guatemala no hemos visto ninguna reacción para mostrar su solidaridad con esos tres paí­ses afectados severamente, no obstante que uno de ellos reaccionó de manera espontánea y eficiente cuando nuestro paí­s sufrió las consecuencias de la falta de previsión. Aparte del gracioso comentario del titular de Conred, cuando en lo que debe haber sido un arranque de ironí­a dijo que podí­an enviar expertos en previsión de desastres a Cuba, la verdad es que no hemos hecho absolutamente nada para demostrar la solidaridad y el agradecimiento que tenemos que tener con quienes en su momento no dudaron en tendernos la mano.

Cierto es que no somos un paí­s rico que pueda ofrecer toneladas de ayuda en ví­veres o ropa ni tenemos capacidad de ofrecernos a la reconstrucción de la infraestructura de la isla, pero al menos un gesto solidario termina siendo muy importante cuando se están enfrentando dificultades tan graves como las que hoy sufre el pueblo cubano luego del devastador paso del huracán Ike.

En medio de nuestras dificultades, si se organizara una movilización popular para ayudar a Cuba, como se ha hecho en otras ocasiones con otros paí­ses, seguramente que la gente más pobre, la que se ha beneficiado por la ayuda de los médicos cubanos, algo ayudarí­a porque su generosidad es comprobada. Y por supuesto que no es para nada una cuestión ideológica, sino de observar el viejo principio de que agrado quiere agrado y si cuando nosotros necesitamos hubo desprendimiento de los cubanos para ayudar, es momento de que también hagamos aunque sea un modesto aporte que demuestre que somos un pueblo agradecido.