Socialistas y conservadores españoles buscan romper el empate


El Primer Ministro español, José Luis Zapatero durante una reunión partidaria en Portugal.

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<p>Las elecciones al Parlamento Europeo sirven a los principales partidos españoles, el socialista en el poder y el conservador PP, para medir sus fuerzas y tratar de romper el empate que dan las encuestas, a pesar de la alta abstención esperada en un paí­s mayoritariamente eurófilo.</p>
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Las elecciones del 7 de junio, en las que los ciudadanos de los 27 paí­ses de la Unión Europea (UE) podrán elegir a sus 736 diputados, «significan para ambos partidos una medición de fuerzas de su estado actual», según la catedrática de ciencia polí­tica Edurne Uriarte.

Las últimas encuestas empezaron dando una ligera ventaja al opositor Partido Popular (PP), con un 40,8% de los votos frente al 39,6% para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) del presidente del gobierno, José Luis Rodrí­guez Zapatero, según un sondeo de El Paí­s del 3 de mayo.

Pero la semana pasada, el del gubernamental Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) igualaba a ambos, con un 42,8% para los socialistas y un 42,2% para el PP.

En las elecciones españolas de 2008, PSOE obtuvo el 43,6% de los votos frente al 40% del PP.

Contando con una baja participación y con una situación de casi bipartidismo, el sociólogo Fermí­n Bouza ve posible una victoria del PP.

A pesar de que el paí­s está en recesión y el gobierno ha puesto una baterí­a de medidas para hacerle frente, sin poder evitar que el desempleo se duplique y supere los 4 millones de personas, el PSOE «tiene asegurado un porcentaje suficiente» de votos; «puede ganar o perder, pero nadie augura nada catastrófico», estima.

Por eso «busca que la distancia sea lo más corta posible y que el PP se meta de nuevo en barullos sucesorios», según el analista polí­tico Josep Ramoneda, que avisa del peligro del «voto de castigo» al PSOE y de la abstención le afecte sobre todo a él.

El PP, que llega a estas elecciones con una investigación judicial a varios dirigentes locales o regionales por corrupción, está poniendo «una presión muy fuerte» sobre su lí­der, Mariano Rajoy, que el año pasado fue ratificado como presidente tras una segunda derrota electoral ante Zapatero y con una parte del partido en su contra, según Bouza, que recuerda que «hay mucha gente en el PP que no lo quiere de candidato».

«El PP y especialmente Rajoy intenta conseguir que el desencanto con el gobierno y las ganas de castigarlo en tiempos de crisis le permitan una victoria suficiente como para consolidar su liderazgo, pero esta victoria no es fácil porque para ser realmente suficiente se tendrí­a que situar ocho o nueve puntos por delante», coincide Ramoneda.

Si Rajoy «sólo gana por la mí­nima o por tres o cuatro puntos, inevitablemente el liderazgo de Rajoy estará en cuestión porque serí­a un mal presagio para las futuras elecciones», apunta.

El «inevitable» debate nacional, según Uriarte, que se impone en España en las elecciones europeas, en que se elegirá a 54 eurodiputados españoles, no se contrapone a la tradicional eurofilia en el paí­s –en el referéndum sobre la Constitución Europea en 2005, el 77% votó»sí­»– y convive con la clásica alta abstención en las europeas.

En 2004, cuando el PSOE ganó un 43% frente al 41% del PP, la participación llegó a un mí­nimo del 45,9%, y este año se espera que sea del 53,2%, según el CIS.

A pesar de que «España ha sido desde hace años uno de los paí­ses más entusiastas con la Unión Europea», ese entusiasmo «ha decaí­do en los últimos años», según Uriarte, quien detecta «un crecimiento del escepticismo hacia Europa también en España».