Lo importante en la vida política no es tanto lo que se dice, sino lo que se calla y más que esto, lo que se hace. ¿Es importante saber si el gobierno de Colom es o no socialdemócrata? Quizá sí para los estudiosos, pero no para el ciudadano de la calle. Con Colom, como para con todos los políticos, lo realmente importantes son sus acciones, después, si da tiempo, ya se reflexionará su afiliación y simpatía a determinada corriente política.
Por ahora simplemente hay que callar y ver, observar cada movimiento del tablero para corroborar tanto bla, bla, bla, producto de la campaña. ¿Hay signos y acciones ya? Las hay. En primer lugar, es interesante verificar cada nombramiento de quienes conformarán el futuro Gabinete de gobierno. Parece obvio que algunas de esas personas no viene no sólo del mundo empresarial del que Berger se sentía tan a gusto, sino de filas más bien críticas al sistema al que ya casi nos habíamos acostumbrado. Personajes como Juan Alberto Fuentes, Luis Zurita y Fernando Fuentes Mohr le dan cierto respiro al sistema y puede ser causa de ilusión para esperar actos distintos al que desde el tiempo de ílvaro Arzú se vienen realizando.
Otro elementos que no hay que dejar escapar es cierto celo que ha mostrado ílvaro Colom en respetar el estado de Derecho para no vulnerar un sistema ya de por sí frágil. Respetar ciertos puestos, como el de Juan Luis Florido para que continúe al frente del Ministerio Público o el de María Antonieta de Bonilla como máxima autoridad del Banco de Guatemala, revela cierto escrúpulo en el manejo de la cosa pública y sensibilidad en sus acciones. Evidentemente algunos quisieran más agresividad en sus actos, pero en política importa mucho el tacto, la forma y el tiempo.
El futuro presidente de Guatemala también se ha mostrado confiable con el mundo de la burocracia. Hasta ahora no ha anunciado despidos masivos o amenazado a los tecnócratas. Su mensaje ha sido de concordia y ha dicho que respetará sus puestos previa evaluación. Esto permitirá continuidad en los proyectos y no retrasarán las cosas por la inexperiencia de los nuevos que llegan a menudo a batear como pinches novicios.
El tema de la transición ha sido manejado bien, pero representa una amenaza si Colom y su equipo no son lo suficientemente críticos y hacen cambios a lo que hasta ahora se ha hecho. Uno de esos ministerios que hay que desentrampar es el de educación. Hay que fumigarlo de tanta idea privatizadora, escenas mediáticas y, sobre todo, transparentarlo. Se debe doblar la página de este pasado no tan halagí¼eño, quedarse con lo bueno y continuar trabajando para mejorar la educación.
Entre lo extraño está lo siguiente. Aunque Colom desde mucho tiempo atrás se ha ufanado en ser sacerdote maya y mostrado mucha sensibilidad hacia el mundo rural, indígena y excluido, es curioso que hasta ahora no los haya enrolado en puestos de importancia. ¿A qué se debe semejante olvido? ¿No hay cuadros técnicos en esos grupos? ¿No son de su confianza? Hasta ahora en su Gabinete no hay ni mujeres, ni indígenas ni nada que se le parezca. Su Gabinete está conformado por un grupo de machos y blancos.
Seguiremos observando las acciones de Colom con la esperanza de que los malos augurios simplemente no se cumplan.