Sobreviene más pobreza y pobreza extrema


Como una ventisca cunde la noticia desconsoladora dondequiera. Pone el alma en un hilo a la población, de suyo propensa a mayores desequilibrios económicos. El referente no es para menos, habida cuenta que son dos situaciones vinculantes a la vez de mostrar un rostro triste y recurrente, tiempo ha.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Merced al modernismo y avances tecnológicos de los medios todo cuanto indica fenómenos de tal naturaleza, de inmediato están en la boca de la totalidad. Y no es para menos, por cuanto en el caso nuestro, en el presente salta a la vista el deterioro de las clases sociales deslizándose en un tobogán.

Influyen poderosamente diversos factores endógenos y exógenos en abierta carrera a campo traviesa. Unos más, otros mucho más, a tí­tulo de evidente competencia. Las consecuencias resulta imposible ocultar, tampoco negar, puesto que sin necesidad de sapiencia, el sentido común y dos dedos de frente encienden el foco.

Pero el tiro de gracia lo representa la presencia de la crisis financiera, hoy en dí­a patente. Aunque protagonizada con vigor en EEUU, como quiera que sea los ramalazos llegaron al paí­s. El caso de flagrante dependencia induce más antes que tarde, en el sentido que tiene carácter envolvente.

Mi intencionalidad no significa sembrar mayor pesimismo, nunca jamás. Sin embargo, un oscuro panorama señala que sobreviene más pobreza y pobreza extrema sobre los de por sí­, molidos hombros de los guatemaltecos. Cualquier programa, proyecto o acción a emprender, no debe semejar algo a mediano o largo plazo.

Constituye el compromiso colectivo por coadyuvar en favor, con empeño y denuedo, a sabiendas que, o salimos del atolladero, o nos hundimos hasta lo profundo del abismo. Es propicio valernos de trillado mensaje de poner el clásico granito de arena orientado a salvaguardar el interés colectivo en riesgo inminente.

Dí­a a dí­a vemos con asombro el deterioro de nuestros ingresos, porque la contraparte, los precios de la canasta básica devoran la plata. Y es obvio, nada ni nadie detiene esa avalancha, atribuida a la ingrata inflación y depreciación de la moneda. Los billetes de cualquier denominación truenan en el acto.

Los fenómenos que hablan los analistas, tildados con razón o sin ella de autoridades en la materia, causan certeros golpes mortales en el circulante. De esa suerte sin suerte, los de la clase media van en precipitada carrera a pasar a las filas de la pobreza y pobreza extrema, en medio del entorno.

La austeridad urge, a la cabeza de similares principios que podrán seguramente orillarnos a un desempeño correcto. Pero quienes figuran en la pobreza extrema, el caso equivale a «comerse la uñas». ¿Qué medidas van a ejecutar? ¿Los proyectos sociales del gobierno central asumirán ese rol con una intensidad mayor?

En las actuales circunstancias, ya fuera de lo normal, la población con relativas posibilidades económicas aun, tendrán que reducir sus planes relativos a dar las espaldas al consumismo. La cercaní­a de los festejos tradicionales de fin de año son motivadores de gastos extraordinarios.

Empero, si viendo la tempestad y no nos santiguamos, entonces las cosas culminarán por malos senderos. Los de nuestra generación, recordaremos a menudo el señalamiento de los abuelos: «Si quieres empobrecer, gasta lo que no ha menester». O sea el elemental principio de economí­a: bueno es gastar menos que lo que ganamos.