Cada ocasión en la cual intento alejarme de escribir de temas político-partidarios sucede un acto de esos que mi limitada imaginación es incapaz de inventar. Lo cual me fuerza a dedicarle espacio y tecleadas a sucesos tan nocturnos, como el que ensayaron el fin de semana pasado los integrantes del Comité Ejecutivo del PAN.
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Muchos de nosotros echando mano de un exceso de ingenuidad y optimismo, hemos afirmado, incluso llegado a creer, que lo hemos visto todo: «Más sucios y despreciables no pueden ser los políticos, ni los agiotistas económicos», no obstante, el tiempo y la creatividad de ciertos personajes terminan por demostrar que siempre es posible ir más allá en la oscuridad, sin importar lo tenebroso que parezca.
En esta parte quiero hacer un énfasis especial, NO es la capacidad de individuos experimentados ejerciendo su talento en el arte del engaño y ejecutando su habilidad en acciones execrables lo que más sorprende, sino el grado de indiferencia de las multitudes asimilando y en ocasiones olvidando hechos que deberían forzarnos a meditaciones profundas de la vida social.
No puedo dejar de preguntarme ¿Qué clase de ciudadanos silenciosos e indiferentes se encarga de producir en masa esta máquina poseedora de bandera? ¿Quiénes son los ilusionistas dedicados a la obra de enriquecer la inacción de millones de personas? Difícilmente existirá otro pueblo con un lomo tan fuerte y una lengua tan corta como la nuestra.
Lo anterior me recuerda al escritor Camilo José Cela, quien puso en voz de de uno de sus personajes las palabras «mi madre no podía sufrir y callar como yo,» cuanto deprecio despertó en mí esa oración de Pascual Duarte; porque el silencio de un individuo es el silencio de una sociedad cómplice.
Y es que no es una movida de silla lo que me fuerza a escribir, eso es lo de menos, son los afectados del Banco de Comercio, la holgazanería de muchos diputados, la enferma organización de los partidos políticos, el salvajismo al que estamos expuestos diariamente, los altos niveles de impunidad, las extorsiones, el aumento del costo de la vida contrapuesto con salarios miserables; y sobre todas las cosas es el hambre de una población que espera y espera en silencio.
En una ocasión alguien sugirió en una plática que el nivel de estoicismo del guatemalteco sorprende, en mi opinión la actitud nacional no puede calificarse como estoica, esto ha sido un plan estructurado en el cual el individualismo salvaje se ha impuesto y el nivel de conciencia social prácticamente se ha extirpado de la sensibilidad ciudadana.
En lo personal me niego a creer que «Cada país tiene el Premio Nobel que se merece» y me niego porque al traer a la memoria la imagen de mis compatriotas descubro que los hijos de mala madre son minoría, razón por la cual estoy seguro que nos merecemos un patria mejor, si tan sólo aprendiéramos a no voltear la mirada ante el dolor ajeno, y reclamar nuestra voz. No espere a reclamar su libertad de hablar hasta que le prohíban la posibilidad de hacerlo.