Sobre el futuro equilibrio mundial


En el número correspondiente al 12 de mayo de este año, la revista Newsweek publicó un extenso trabajo de Fareed Zakaria que es el resumen de su libro «The Post American World» y pienso que constituye un valioso elemento de análisis respecto a la situación actual de las grandes potencias y lo que puede esperarse para el futuro equilibrio mundial. Parte el autor de la tesis de que no es simplemente que Estados Unidos haya declinado, sino que hay que considerar que el resto del mundo está mejorando y que eso es lo que hace que los norteamericanos principien este siglo en una posición que para ellos era difí­cil de imaginar, con una economí­a en crisis y tras un desgobierno que ha limitado su capacidad para influir en el mundo.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Zakaria hace una serie de planteamientos para afirmar que el futuro del mundo tendrá todaví­a en Estados Unidos un gran referente y a una potencia que sabrá sacar provecho de sus ventajas. Me llamó la atención, sin embargo, que dentro de las cuatro grandes oportunidades que sigue teniendo Estados Unidos él destaca la importancia que tiene el que sea un paí­s crisol en donde los migrantes son y han sido elemento importante para el desarrollo de nuevas fuerzas, de nuevas ideas y de conocimientos.

Y me llama la atención porque posiblemente el punto más flaco de su análisis está en que sigue considerando a los migrantes como una fuerza, mientras que en el paí­s los están viendo como una amenaza contra la que hay que luchar. Es indudable que las sucesivas oleadas de inmigración han permitido a los Estados Unidos consolidarse como la tierra de las oportunidades y que el aporte de quienes llegan de otras latitudes se ha sumado eficazmente con el de los nativos para construir esa sociedad plural y abierta. Sin embargo, sea por el efecto del miedo que azuzó el gobierno de Bush o porque ahora la mayor inmigración es de latinoamericanos a quienes ven como seres que tienen poco que aportar en comparación con los asiáticos y europeos de anteriores oleadas de inmigración, el hecho es que existe una polí­tica de represión brutal que rompe con la tradición hospitalaria que al final de cuentas le dio fuerza a la posibilidad de alentar ese llamado sueño americano.

Es pronto para medir el impacto que tendrá en el futuro equilibrio mundial esta administración que en siete años hizo añicos el superávit fiscal, alentó un déficit sin precedentes y se distanció del resto del mundo por el empecinamiento para fabricar una guerra sobre la base de datos de inteligencia falsos y deliberadamente alterados. Lo que ya se puede medir es el impacto que el desorden fiscal ha tenido en el valor de la moneda y lo que eso significa en términos de las importaciones de productos esenciales como el petróleo. Y en el mundo entero se tiene conciencia de que esta crisis, que es global, tiene raí­z en errores cometidos en Washington, por más que allá insistan en culpar a las naciones productoras de petróleo.

En todo caso, creo que el resumen del libro es tan interesante como para provocar la búsqueda del texto completo porque indudablemente que analizar el posible declive de una potencia mundial y empezar a hablar del mundo tras la influencia y el dominio de Estados Unidos abre toda una lí­nea de reflexión porque plantea, además, un futuro muy incierto.