El veterano articulista (ex redactor de discursos presidenciales) Mario Antonio Sandoval opinó: «La proposición de fijar en 140 el número de diputados del Congreso de la República, presentada por la Comisión de Asuntos Electorales del Organismo Legislativo, es un paso en la dirección correcta, pero constituye una cifra aún demasiado alta». Basa su argumentación en que los Acuerdos de Paz señalan ese número en 80, número que según él «fue el resultado de análisis y estudios realizados por los representantes de los bandos en disputa».
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Dónde están esos análisis y estudios, la verdad es que no existen, como ya lo señalara en opinión anterior. El número se lo sacó de la manga el gobierno de Ramiro de León a insistencia de la cúpula económica. Lo que sí es valedero señalar es que el Acuerdo de Paz: «Reformas Constitucionales y Régimen Electoral» reconoce la importancia de la representatividad democrática que deben tener los diputados, eso implica que su número debe fijarse conforme a la población de cada distrito.
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Si hubiera consenso que fueran menos diputados, lo que procede modificar sería la Ley Electoral en el artículo 205, norma que contiene el concepto que cada distrito electoral tiene derecho a elegir un diputado por el hecho mismo de ser distrito y un diputado más por cada 80 mil habitantes. Consecuentemente, si se aumenta la cifra de representacií²n de habitantes se reduce el Congreso, pero fijar un número máximo de diputados es una arbitrariedad que contradice la representatividad.
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Más grave es argumentar que la cifra de 80 diputados procede de análisis y estudios de la comunidad internacional, ello significa que el mandato viene de afuera y no considero que nuestra soberanía política deba de ser manipulada por ninguna potencia foránea o por organismo internacional alguno.
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En cuanto al aspecto previsto en los Acuerdos de Paz que la reelección sea limitada a dos períodos consecutivos, implicaría perder la experiencia de diputados como Nineth Montenegro, Anabella de León, Manuél Baldizón, Arístides Crespo, Mario Rivera, Iván Arévalo y la mayoría de los diputados más activos y participativos que en la próxima elección no podrían ser candidatos.
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En cuanto al concepto de «mega-departamentos» seguramente Sandoval se refiere a mega-distritos. El Congreso está integrado por diputados, uno electo por cada distrito y el resto por diputados representativos de la densidad de población. No es válido criticar que El Progreso, Baja Verapaz y Zacapa, tengan menos diputados que Huehuetenango, San Marcos y Quiché. Esto se debe a la densidad y a la representatividad de la población derivada del último censo, que es la que lo determina.
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Un aspecto que puede y debería de analizarse en la reforma a la Ley Electoral sería la de dividir algunos de los actuales distritos como ya se dio con el caso de la capital y los municipios del departamento de Guatemala, que son dos distritos diferentes. San Marcos tiene los municipios de la costa con significativas diferencias de los del altiplano. Quiché y Huehuetenango tienen diferentes necesidades, diferente tipo de población en la Transversal del Norte con respecto al altiplano.