Sindicatos del IGSS y sus demandas salariales


Ya se sabe que el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social está o ha estado a punto de caminar con muletas en lo financiero por motivo que el Estado dejó de cubrir las cuotas que tiene obligación legal de pagar como tal y como patrono para posibilitar, precisamente, el financiamiento del régimen de seguridad social y, desde luego, su normal funcionamiento en todos los aspectos.

Marco Tulio Trejo Paiz

Fue durante el «segundo gobierno de la Revolución», jefeado por el coronel Jacobo Arbenz Guzmán, que dejó de cotizar el papá Estado y, de esa guisa, restó mucho, pero mucho impulso a la seguridad social, pues viene tropezando con dificultades para otorgar con oportunidad y eficiencia las prestaciones en dinero y en especie (léase servicios) a los afiliados, que son los trabajadores urbanos y rurales del paí­s.

Parece extraño y contradictorio el hecho de que un orden de cosas constituido y supuestamente nutrido en los principios del movimiento revolucionario que echó abajo el 20 de octubre de 1944 a la torpe dictadura del general Federico Ponce Vaides ?apéndice de la de los 14 años de Jorge Ubico-, haya dispuesto, como «sin querer queriendo», provocar el desfinanciamiento de la seguridad social. A estas horas, la deuda estatal de referencia asciende a la friolera de unos Q10 mil millones o más, que buena falta están haciendo para mejorar los programas destinados a atenuar, siquiera, las pesadillas de la clase trabajadora y, además, para poner en marcha otros programas de importancia que están contemplados en la ley orgánica de la noble institución.

Actualmente el IGSS afronta serios problemas con los sindicatos que tiene en sus entrañas. Los lí­deres de tales organizaciones pretenden, nada menos, un aumento de Ql,500 per cápita al personal de las diferentes dependencias de esta capital y de los demás lugares de la República con cobertura de los programas de la seguridad social.

Las autoridades del Instituto, con base en evaluaciones actuariales, han declarado que la situación financiera de la institución no permite tener acceso a las desmedidas demandas salariales de los lí­deres sindicales, quienes con sus pretensiones pueden echar de bruces, en un momento dado, al mencionado ente protector de la clase trabajadora.

Deben meditar bien sus acciones los lí­deres sindicales para no poner en tanganillas al IGSS, entidad que, por obra y gracia del papi Estado, ya no es la «vaca lechera» de otros tiempos.

Los sindicalistas y todos los trabajadores deben moderar sus exigencias económicas para no terminar de arruinar las finanzas del Instituto, ya que si eso sucediese, producirí­an un crujir de dientes entre la millonaria masa de afiliados y, entonces, demasiado tarde comprenderí­an su gran error de haber procedido a lo masoquista?

Se nos antoja que el doctor Juan José Arévalo Bermejo, por cierto el mejor presidente que ha tenido Guatemala, considerado el padre generoso de la criatura (el IGSS), estará perturbado en su sueño de eternidad a causa de que los mismos beneficiados por la seguridad social pueden estar echándola de bruces.

Indiscutiblemente, las cuitas de tipo pecuniario y la lucha del elemento asalariado, respecto de paliar las condiciones imperantes, son explicables y, hasta cierto punto, justificables, pero no por eso deben tomar resoluciones que, eventualmente, pueden matar la que otrora fue «gallina de los huevos de oro»?