Las mujeres dieron la sorpresa en la campaña electoral iraquí, haciendo pasar a segundo plano los aburridos discursos de sus rivales masculinos y osando presentarse sin el velo islámico en los carteles de propaganda.
«Represento una ventaja para mis compañeros de lista pues creo que mi presencia atraerá el voto de las mujeres», afirmó Feyruz Hatam, cuando entraba en una manifestación donde la mayoría de los hombres llevaban turbante y las mujeres estaban vestidas con una abaya, un largo chal negro que las cubre de la cabeza a los pies.
«Al presentarme con la cabeza descubierta, estoy mostrando a los electores que en nuestra lista no hay sólo islamistas», explicó esta mujer de 44 años, vestida de traje y pantalón marrón, que figura en la lista chiíta conservadora de la Alianza Nacional Iraquí.
Directora de una televisión local, encabeza el minúsculo Partido Fayli Kurdo de Irak. Los fayli son kurdos chiitas que viven en el este del país y de los cuales varios miles fueron expulsados por Saddam Hussein en 1979.
Feyruz Hatam vivió velada durante 20 años en Irán antes de volver a Irak en 2004, un año después de que la invasión de tropas estadounidenses y británicas derrocara a Saddam Hussein.
«Pienso que la mentalidad de los electores cambió y me felicito pues con mi voto estoy transmitiendo el mensaje de que los tiempos han cambiado», agregó, evocando la reciente época en que las milicias religiosas, nacidas del caos de la invasión de 2003, obligaban a las mujeres a llevar velo.
En esta segunda elección desde la caída de Saddam Hussein, participan 1.801 candidatas y, según la ley, al menos 82 están seguras de convertirse en diputadas pues la Constitución impone una cuota de 25% de mujeres entre los 325 escaños en juego.
«En las últimas legislativas, los nombres y sobre todo las fotos de los candidatos no figuraban en los afiches, pues podíamos ser blanco de Al Qaeda que había jurado impedir las elecciones», recordó Safiya al Suhail, candidata de la alianza del Estado de Derecho, dirigida por el primer ministro Nuri Al Maliki.
Para esta diputada saliente, elegida en 2005 por la lista laica de Iyad Allawi, «no llevar velo no significa rechazar la religión. Nuestra Constitución es clara: nuestro Estado respeta el islam pero no es un Estado islámico».
La presencia de mujeres con el cabello libre tuvo a veces efectos inesperados. En la ciudad petrolera de Kirkuk, a 250 km al norte de Bagdad, el afiche de una candidata turcomana provocó accidentes de tránsito.
«Los conductores de daban vuelta para ver a Jala Naftaji y hubo choques», informó un policía.
Esta mujer de 54 años, que figura en la lista del Bloque Iraquí, reconoce que puede tener alguna responsabilidad en esas perturbaciones del tráfico. «He escuchado algo, pero pienso que ello se debe a la nueva experiencia democrática de Irak. Y en cualquier caso, poner fotos de mujeres no veladas atrae a los electores», dice riendo.
Sabah Abdel Rasul al Tamimi, profesora de economía de 36 años, no sólo aparece sin velo, sino que también anotó su número de teléfono en los volantes.
«Vale más poner su teléfono en una tarjeta que gastar millones de dólares en afiches. Los electores pueden llamarme y preguntarme acerca de mi programa», aseguró esta mujer, madre de tres hijos, que se presenta en Bagdad por la Alianza de la Unidad Iraquí del ministro del Interior Jawad Bolani.
En todo caso, para Safiya al Suhail «la cuestion del velo no es lo importante, lo que cuenta es si las mujeres son capaces de desempeñar su papel en la sociedad iraquí».
Los iraquíes tienen la esperanza de empezar a dejar atrás las violencias entre comunidades a partir de las legislativas del domingo, que deberían consagrar la hegemonía chiíta y el retorno de los sunitas al juego político, a pocos meses de la retirada de las tropas estadounidenses.
El principal interrogante será el índice de participación de los sunitas, que boicotearon los comicios de 2005, en las primeras legislativas tras la caída del régimen de Saddam Hussein, derrocado por la invasión estadounidense de 2003.
Unos 19 millones de electores elegirán a 325 diputados, al término de una campaña menos virulenta que hace cuatro años, pese a las amenazas de la red islamista Al Qaeda.
Un solo candidato fue asesinado, en tanto que en 2005 el terror había alcanzado tal nivel que los partidos se negaban a divulgar la identidad de sus postulantes.
Pese al fuerte despliegue de seguridad, tres atentados (dos de ellos cometidos por kamikazes en colegios electorales) se produjeron el jueves en Bagdad, cuando votaban por adelantado ciertas categorías de la población (militares, fuerzas de seguridad, presos y personas hospitalizadas), con saldo de por lo menos 14 muertos y decenas de heridos.
Según la ONU, los resultados preliminares sólo se darán a conocer el 18 de marzo y los definitivos a fines de mes.
Los comicios se llevan a cabo a pocos meses del retiro de los 96.000 soldados estadounidenses desplegados actualmente en Irak. Según el calendario anunciado en febrero del año pasado por el presidente Barack Obama, la mayor parte del contingente habrá salido del país en agosto de 2010 y la totalidad a fines de 2011.
Estas elecciones son decisivas, pues «si hubiese problemas, como fraudes o violencias en la certificación de los resultados o en la formación del gobierno, el programa de retiro estadounidense podría verse afectado», dijo Joost Hiltermann, investigador del International Crisis Group (ICG), con sede en Bruselas.
Las elecciones representan una prueba para esta joven democracia y sus instituciones, lejos aún de funcionar convenientemente, debido a la corrupción y a la incompetencia.
Una fuerte participación de los sunitas, que representan el 23,6% de la población, acarreará un equilibrio de fuerzas y significará que aceptan el juego político, a pesar de haber perdido el poder en beneficio de los chiitas (58,8% de la población) tras la caída de Saddam.
«Es muy probable que las elecciones consoliden la posición de los sunitas, aun cuando vayan divididos, tanto más cuanto que los chiitas también lo están y los kurdos han perdido su poder de arbitraje», insistió Dawood.
«En 2005, fue un voto de identidad y este año es un voto de utilidad, pues la población optará por candidatos gracias a los cuales piensan que podrán mejorar su vida cotidiana», resumió el ministro comunista de Ciencias y Tecnología, Raid Fahmi.
Para mantenerse en el poder, el primer ministro Nuri al Maliki, que se jacta de haber restablecido la autoridad del Estado desde que asumió el cargo en mayo de 2006, optó por romper con la gran coalición chiita y presentó su propia lista, la Alianza del Estado de Derecho.
Maliki deberá derrotar a sus ex aliados chiitas de la Alianza Nacional Iraquí, y sobre todo al Bloque Iraquí, una lista laica conducida por el ex primer ministro Iyad Alawi, muy popular también entre los sunitas.
Pero lo más difícil será para él establecer alianzas con sus rivales, pues el sistema proporcional no permite obtener una mayoría absoluta.
El próximo gobierno tendrá la tarea gigantesca de volver a poner en marcha la economía y «sobre todo solucionar el problema de los servicios públicos, de la electricidad, del agua y la vivienda», estimó Hamed Fadil, profesor de ciencias políticas en Bagdad.
Para conseguirlo, deberá gastar de manera sensata los enormes recursos financieros que generará la explotación de sus reservas petroleras, evaluados en unos 300.000 millones de dólares durante los próximos siete años.
También deberá llegar a un compromiso durable con los kurdos sobre el explosivo tema de los territorios disputados en el norte y en particular en Kirkuk.