Los cambios realizados por el Ministro de Gobernación en la Policía Nacional Civil han sido severamente criticados por los grupos que han estado trabajando en el tema de la seguridad ciudadana, puesto que se considera, con toda razón, que esa inestabilidad en los mandos de la PNC impide que se puedan ejecutar acciones de mediano y largo plazo. Menos de un año duró en el ejercicio de su cargo la última directora general y obviamente la nueva plana mayor de la Policía llevará su propio plan de acción y, como es costumbre, quedarán relegados los planes que se habían diseñado en la última administración.
Además, se ha criticado que se rompió la cadena de mando porque se echó mano al final de cuentas de policías que ya estaban en situación de retiro, lo que desmotiva severamente a los comisarios que se encuentran actualmente en el desempeño de sus cargos y ven que en vez de confiar en ellos a la hora de un relevo, se prefiere a gente que ya es ajena a la institución.
El problema es que nuevamente somos testigos de que se cae en la improvisación y que se toman medidas sin mucho fundamento simplemente por antipatías o simpatías personales, pero sin realizar evaluaciones correctas del trabajo realizado. Una entrevista con el ministro Gándara publicada ayer ya daba a entender que los días de la directora Blanco Lapola estaban realmente contados porque dijo que los estilos no coincidían y que había diferencias en ese campo. Y uno sabe que dada la personalidad del Ministro, la pita tenía que romperse por lo más delgado como efectivamente ocurrió. En el caso de la hasta ayer directora le dieron un premio de consolación con un viceministerio de escasa relevancia, pero que la mantiene dentro de la estructura estatal.
No dejan de tener razón el Procurador de los Derechos Humanos, el Rector de la Universidad de San Carlos y los dirigentes de las iglesias Católica y Evangélica en el sentido de que el gobierno no entiende en realidad el tema de la seguridad y sigue actuando con base en improvisaciones. Desde que asumió la Presidencia el señor Colom la constante ha sido demostrar que él y su entorno no tienen idea de lo que es el desafío de la seguridad y por ello recurrieron en primera instancia al viceministro de los tiempos de Berger y luego ha venido la más evidente improvisación que se traduce en la ausencia de planes serios y dignos de ser tomados en cuenta.