Sin televisión


Todo el pueblo de los padres del francés Alain Bernard se reunió en torno a ellos en un ambiente de fiesta para ver la final olí­mpica de los 100 m libre, pero al tocar el agua el nadador, la televisión se apagó creando una histeria que acabó en alegrí­a.


Al menos 150 habitantes, de los apenas 450 de Chí¢teauvieux, en los Alpes franceses, se dieron cita a las cinco menos diez de la mañana en la sala de fiestas del pueblo para ver la carrera reina de la natación olí­mpica.

Emocionados, los asistentes vieron en la pequeña pantalla como los nadadores tomaban sus posiciones, se preparaban y… en el momento en que se lanzaban al agua sucede el drama.

Alguien tropezó con un cable, la tele se apagó y todo fue histeria en busca de una solución, hasta que alguien sacó una radio y buscó la frecuencia.

Pasaron 47 segundos y, de pronto, se oyó el grito del comentarista: «Â¡Alain es campeón olí­mpico!».

Eliane, la madre del flamante campeón, lloraba de alegrí­a: «estoy emocionada. Es estupendo que lo haya logrado después de lo que ha trabajado».

De repente, volvió la imagen a tiempo para oí­r las primeras palabras de Bernard a la televisión francesa y el champán empezó a correr entre los presentes.

«Es el dí­a más bonito de su vida, de nuestra vida», decí­a la hermana del campeón, Christine Ducrot, que sólo recuerda una cosa de la averí­a de la televisión: «aumentó la emoción de la carrera, de la victoria».

CHATEAUVIEUX, Francia (AFP)