Por lucrativo que sea el oficio y por mucha necesidad que tengan quienes lo desempeñan, el constante asesinato de pilotos del transporte público constituye una seria amenaza para todos ellos y no es extraño que cada día haya menos personas interesadas en ese trabajo, lo que puede provocar un serio problema de movilización para los guatemaltecos que verían así materializar en algo muy directo y concreto el tan señalado problema de inseguridad ciudadana.
El vicepresidente Eduardo Stein no quita el dedo del renglón al afirmar que se trata de una violencia íntimamente vinculada con el proceso electoral que estamos viviendo, lo que significa que posee información que vincula a alguna fuerza política con estos crímenes, y todo con la idea de generar una percepción ciudadana de que hay que abrazar medidas radicales para salir del atolladero de la violencia. No cabe otra interpretación de las palabras del doctor Stein respecto a lo que está pasando, puesto que ha sido claro y categórico al afirmar que hay mano política atrás de esas bien orquestadas acciones en contra del transporte público.
Ayer mismo las fuerzas de seguridad decían que el crimen perpetrado contra un piloto y su ayudante en horas de la mañana fue tan bien planificado que se evidencia alguna labor de inteligencia que aumenta las preocupaciones de los funcionarios porque ello comprobaría que no se trata de una simple exacerbación del poder de las pandillas juveniles, como se viene creyendo en muchos sectores, sino que efectivamente hay intereses ocultos en crear una crisis de grandes proporciones.
En cualquier caso, lo que nos interesa señalar es que es ingrato el ataque sistemático a los pilotos de buses y su asesinato selectivo para crear terror y descalabrar el sistema de transporte. Son cientos de familias las que terminan enlutadas y eso es inaceptable, tanto si estamos frente a acciones deliberadas de grupos políticos como si se trata de pandillas que tienen control de la situación. Y en ambos casos, el Estado tiene que responder y reaccionar para asegurar la vida de esos conductores, para lo cual hará falta usar todos los mecanismos disponibles, entre ellos una mayor participación de las fuerzas combinadas, no sólo por el riesgo que significa para el país una muy probable paralización del transporte por falta de pilotos, sino por el elemental deber de garantizar la vida a los ciudadanos y especialmente a un grupo que se ha convertido en blanco permanente de los ataques criminales.
Al margen de teorías que puedan señalar el origen de las agresiones y que no descartamos porque se supone que están elaboradas con base en informaciones confiables, lo fundamental es poner coto al diario ataque sangriento que enluta a muchas familias guatemaltecas.