Sin avances en Birmania


En Berlí­n,  simpatizantes de los monjes birmanos protestan por la situación en Myanmar.

El comisario europeo de Desarrollo, Louis Michel, admitió hoy en Birmania que, de momento, no logró convencer a la junta militar de que abra sus fronteras a los cooperantes extranjeros para evitar que se agrave el balance de muertos tras el paso del ciclón Nargis.


Dos semanas después de la catástrofe, que dejó más de 71 mil muertos y desaparecidos, Michel afirmó no haber sido autorizado a viajar al delta del Irrawaddy (suroeste), la región más devastada por el ciclón, antes de su partida prevista para hoy por la noche.

«Me autorizaron a ir mañana pero, desgraciadamente, estoy en la imposibilidad de quedarme más tiempo debido a compromisos en Europa», lamentó Michel.

Al término de sus encuentros con responsables birmanos, el emisario de Bruselas reconoció no haber logrado avances inmediatos en la ayuda a los damnificados.

Michel llegó a Birmania el miércoles para intentar convencer a la junta militar de que dejara de filtrar la ayuda humanitaria internacional para los cerca de dos millones de supervivientes del tifón, la mayor parte de los cuales no ha recibido ninguna asistencia.

El comisario europeo precisó por otro lado que las autoridades birmanas le aseguraron que examinarí­an su petición de nuevos visados para los cooperantes extranjeros.

«Dentro de unos dí­as, si no obtengo una respuesta concreta a todas estas cuestiones, podré emitir un juicio, de momento no puedo hacerlo», declaró.

Organizaciones no gubernamentales (ONG) y agencias de Naciones Unidas esperan obtener visados para su personal pero la junta, celosa de su soberaní­a, se niega a que las operaciones de socorro masivas sean dirigidas por extranjeros.

Ayer, Michel habí­a pedido «acciones concretas» a Birmania y anteriormente habí­a advertido de que este paupérrimo paí­s del sureste asiático está amenazado de hambruna tras la destrucción de «todas las reservas de arroz» por el ciclón.

Durante su estancia, el comisario relató haber sido conducido a «un campamento organizado, de aspecto perfecto» en las afueras de Rangún, lejos del Irrawaddy.

En esa región del suroeste del paí­s los periodistas birmanos recogieron testimonios de supervivientes desesperados, sin refugio ni alimentos varios dí­as después del devastador paso de Nargis.

La representante de la Federación Internacional de la Cruz Roja, Bridget Gardner, de regreso tras un viaje al Irrawaddy, también relató haber presenciado «muchos actos de heroí­smo» de voluntarios birmanos, ellos mismos damnificados, que ayudaban a sus compatriotas a tí­tulo individual.

La Cruz Roja pidió 32,7 millones de euros a la comunidad internacional para proporcionar ayuda a las ví­ctimas, advirtiendo de que la situación sobre el terreno se está agravando.

Para evitar una «segunda catástrofe», no ya natural sino humanitaria, Naciones Unidas quiere recoger más fondos a favor de Birmania, con los que preparar la fase de reconstrucción.

La ONU espera el resultado de una reunión ministerial, el próximo lunes en Singapur, de paí­ses de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), de la que Birmania forma parte, para decidir el lugar y los participantes en otra «conferencia de petición de fondos», declaró la portavoz de Naciones Unidas en Nueva York, Michele Montas.

Gracias a la mediación de los paí­ses asiáticos, la comunidad internacional intenta que Birmania atienda a razones.

El ministro francés de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, consideró ayer que la intransigencia de la junta birmana raya con el «crimen contra la humanidad».