Sí­mbolo de influencia


Miembros del Ejército debieron ayudar en la descombración.

La embajada de India en Kabul, blanco hoy de un atentado suicida en el que murieron por lo menos 41 personas, es un sí­mbolo de los esfuerzos indios por establecer una mayor influencia estratégica en Afganistán desde la caí­da del régimen talibán en 2001.


La creciente presencia de India en Afganistán, con la apertura de consulados en varias ciudades y participación en la reconstrucción, puso a Nueva Delhi en competición con su rival histórico, Pakistán, señalan los analistas.

Pakistán condenó el ataque suicida con carro bomba perpetrado contra la embajada de India en Kabul, pero la prensa india y los comentaristas lo interpretaron como parte de una contienda afgana que se intensifica entre los dos vecinos rivales.

India y Pakistán, ambos en posesión de armas atómicas, están oficialmente en paz pero según los analistas se libran a un enfrentamiento por procuración.

«Pakistán tiene una polí­tica declarada de búsqueda de importancia estratégica en la región, en Afganistán y más allá», afirma C. Uday Bhaskar, ex subdirector del Instituto de Estudios de Defensa y Análisis de Nueva Delhi.

«India, desde la caí­da de los talibanes, ha tratado de reactivar sus relaciones con Afganistán. Así­ que ahí­ existe un elemento de competición», afirma Bhaskar.

Los autores del atentado «son las fuerzas que intentan trastornar la administración del presidente Hamid Karzai, trastornar cualquier tipo de iniciativa que busque un cambio respecto a lo que representaban los talibanes», agrega.

Según algunos comentaristas en India y muchos responsables en Afganistán, dichas «fuerzas» son un ví­nculo entre militantes islamistas y elementos de la agencia de inteligencia paquistaní­, la Inter-Services Intelligence (ISI).

Pakistán niega con firmeza su respaldo a los talibanes y desmiente las crí­ticas afganas de que haya fracasado en controlar a los militantes talibanes basados en sus zonas tribales limí­trofes con Afganistán.

«No creo que Pakistán quisiese atizar el fuego en la presente situación interfiriendo en Afganistán. No podemos hacerlo a menos que estemos locos», declaró un ex responsable del ISI, Asad Durrani.

«Pakistán tiene una gran influencia en Afganistán debido a que son vecinos inmediatos, a diferencia de India. Afganistán depende de nosotros, culturalemente somos muy próximos», afirma Durrani, que dirigió la organización en los años 90.

Durante años, India y Pakistán han estado en bandos opuestos en los devastadores conflictos que han sacudido Afganistán.

Tras la invasión soviética en 1979, Pakistán respaldo a los rebeldes islámicos del grupo étnico Pashtun y más tarde dio su apoyo a la milicia talibán.

India, aliado de la Unión Soviética, se mantuvo al margen del conflicto hasta el colapso del gobierno prosoviético afgano en 1992.

El auge de los talibanes proporcionó un fértil terreno de entrenamiento a los militantes paquistaní­es que luchaban contra las fuerzas indias en Cachemira, región del Himalaya dividida entre India y Pakistán pero reclamada por ambos.

Nueva Delhi comprendió rápidamente el significado estratégico de Afganistán y se implicó en el conflicto, oponiéndose directamente a Islamabad.

Y una vez derrocados los talibanes en una invasión internacional encabezada por Estados Unidos, e instalado el gobierno prooccidental de Karzai, India comenzó a incrementar su presencia diplomática en Afganistán.